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Gobierno cubano pide al sector privado financiar la expansión arrocera ante incapacidad estatal

Crisis agrícola en Cuba
La crisis productiva no es reciente, pero se ha profundizado en los últimos años. (Captura de pantalla © Canal Caribe – YouTube)

El vicepresidente cubano Salvador Valdés Mesa reconoció que el programa arrocero del país depende hoy, de manera directa, del financiamiento privado, pues el Estado carece de la maquinaria, los insumos y el combustible necesarios para incrementar la producción nacional.

Según el medio oficialista ¡Ahora!, en un recorrido por áreas destinadas al cultivo en el municipio de Mayarí, en Holguín, el funcionario comprobó que existen condiciones hídricas suficientes para extender la siembra a más de 800 hectáreas. Sin embargo, afirmó que el sector estatal no tiene posibilidades de asumir las inversiones requeridas.

En ese sentido, llamó a incorporar a agricultores privados y otros actores económicos con capacidad financiera para renovar equipos y modernizar la industria. Aseguró que el país atraviesa “un proceso de transformación” donde los nuevos actores deben jugar un papel clave.

Durante el intercambio, directivos locales explicaron que la falta de cosechadoras y el déficit de combustible son hoy los principales frenos de la campaña agrícola. Como resultado del encuentro, se decidió crear una pequeña empresa independiente que asuma parte de la producción arrocera en el territorio.

El sector estatal no tiene capacidad financiera para renovar equipos y modernizar la industria. (Captura de pantalla © Canal Caribe – YouTube)

La crítica caída en la producción de arroz en Cuba responde en gran medida al modelo estatal hipercentralizado que ha regido el sector agrícola durante décadas. El Estado socialista, al intentar controlar todas las etapas —desde la planificación y la distribución de insumos hasta la compra obligatoria de las cosechas— ha generado un sistema rígido, sin incentivos y profundamente ineficiente.

La falta de autonomía para los productores, la escasez crónica de fertilizantes y maquinaria, y la ausencia de mecanismos de mercado han limitado la productividad y la innovación, provocando que un alimento básico como el arroz dependa cada vez más de costosas importaciones y se convierta en otro reflejo de la crisis estructural del país.

Crisis de la producción agrícola en Cuba

La estrategia ahora planteada coincide con pronunciamientos previos de Valdés Mesa, quien en septiembre, en Cienfuegos, defendió la entrega de grandes áreas de tierra a productores con capital propio, capaces de adquirir su propia maquinaria. En ese momento, recordó que Cuba destina cada año más de 400 millones de dólares a la importación de arroz, mientras solo logra producir alrededor del 11 % de lo que consume.

Las cifras provinciales evidencian la magnitud del problema. En Cienfuegos, por ejemplo, la cosecha de 2023 apenas alcanzó las 10.000 toneladas, muy lejos de las necesidades locales. En cooperativas como Juan Manuel Márquez, en Aguada de Pasajeros, las siembras han caído a 17 hectáreas, afectadas por la sequía, los apagones y la falta de liquidez para pagar mano de obra.

El impacto llega al consumidor: el arroz, un alimento básico en la dieta cubana, continúa escaseando y sus precios se han disparado. En mayo, la libra superó los 300 pesos en cuatro provincias, alcanzó los 340 pesos en La Habana y rondó los 270 en Cienfuegos, pese a los controles gubernamentales.

La crisis productiva no es reciente, pero se ha profundizado. En los últimos 15 años, Cuba ha incrementado su dependencia de las importaciones y de las donaciones para completar la demanda interna. En 2024, la producción nacional representó apenas el 30% de lo obtenido en 2018, de acuerdo con datos del diario estatal Granma.

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