
La historiadora cubana Ada Ferrer, ganadora del Premio Pulitzer en 2022, publicó este miércoles una carta dirigida a Miguel Díaz-Canel en The New York Times. En el texto titulado “Mi padre escribió cartas para el gobierno cubano. Esta es la mía” reclama la apertura de “un verdadero diálogo nacional” ante la crisis que atraviesa Cuba.
Nacida en La Habana en 1962 y emigrada a Estados Unidos cuando era niña, se presenta ante el mandatario con la suposición de que conoce su trayectoria, tras la reseña de su libro Cuba: An American History en medios oficiales.
La autora recuerda el impacto de la separación en su familia —con hermanos que permanecieron años en la Isla— y evoca a su padre, Ramón Ferrer Correa, quien en sus últimos años escribió cartas a Fidel Castro con una frase reiterada: “Es hora”.
Ese legado marca el eje de su mensaje. La académica retoma ese llamado para advertir que el lema oficial de “continuidad” no refleja el sentir de amplios sectores de la población. “A menos que estén completamente aislados, deben saber que la continuidad no es lo que la mayoría de los cubanos desea”, afirma.
En su carta, describe un panorama marcado por la escasez de alimentos, los apagones, el colapso del sistema de salud, la acumulación de desechos y la falta de medicamentos. “Para usted, señor, la continuidad puede ser un eslogan político. Para muchos cubanos de a pie, se siente como una sentencia de muerte”, sostiene.
El texto también aborda el papel de Estados Unidos. Ferrer reconoce que el embargo influye de forma negativa y limita el desarrollo económico, pero advierte que no explica por sí solo la magnitud de la crisis.
“Hay muchas cosas que el embargo no puede explicar”, señala, tras mencionar decisiones internas como la paralización de reformas iniciadas en 2011, la implementación de la Tarea Ordenamiento —que califica como un fracaso con efectos inflacionarios— y la inversión en turismo en medio de la caída de visitantes.
En el ámbito político y social, la historiadora denuncia la vigilancia contra la profesora Alina Bárbara López Hernández por sus vigilias mensuales en Matanzas, así como el encarcelamiento de los artistas Maykel Castillo Osorbo y Luis Manuel Otero Alcántara. Sobre estos últimos, afirma que “languidecen en prisión por su arte, su voz y su ejemplo”.
Ferrer aclara que su posición no respalda una intervención extranjera ni constituye una defensa de la política estadounidense. “Y mucho menos un llamado a la intervención militar, algo que no apoyo”, precisa. A la vez, critica declaraciones del expresidente Donald Trump al subrayar que “Cuba no es suya para tomarla”.
En su análisis histórico, recuerda la Enmienda Platt y las advertencias de figuras como Juan Gualberto Gómez sobre los riesgos de ceder soberanía. Sin embargo, cuestiona que el Gobierno cubano haya sustituido una dependencia por otra, primero con la Unión Soviética y luego con Venezuela. “Sin un protector externo, Cuba se está desmoronando… No se puede comer soberanía”, afirma.
La carta concluye con una interrogante directa al presidente: qué plan tiene para enfrentar la crisis y negociar cambios. Ferrer insiste en la necesidad de abandonar una “continuidad ruinosa” y abrir un proceso de diálogo que incluya a la sociedad. “Ha llegado la hora”, remata, en eco del llamado que marcó la vida de su padre.