
Mercedes Pedraza, madre del cubano Alberto Sierra, lloró al declarar durante el proceso que determinará si su hijo recibe la pena de muerte o cadena perpetua por asesinar a su esposa y a las dos hijas pequeñas de ella. Su testimonio forma parte de los esfuerzos de la defensa para evitar la ejecución, informó el Nuevo Herald.
Ante el jurado, Pedraza relató las dificultades que afrontó para criar sola a sus dos hijos en Cuba. Trabajaba a tiempo completo en una cafetería y complementaba sus ingresos vendiendo frutas y productos agrícolas desde su vivienda durante los fines de semana. Explicó que necesitaba esas ventas para llegar a fin de mes.
Describió a Sierra como un niño sociable, que jugaba con amigos en la calle y “no podía quedarse quieto”. Aunque avanzaba de grado, no destacaba en los estudios y era “muy inmaduro”, afirmó. También contó que vendió la casa de sus abuelos para emigrar a Estados Unidos, donde inicialmente vivieron con familiares.
Pedraza recordó que, pocos meses después de llegar al país, su hijo fue atropellado. El accidente ocurrió el Día de las Madres de 1996, mientras ella compraba un pastel para celebrar. Una llamada le informó que lo trasladaban al Jackson Memorial Hospital. Al verlo, aseguró, creyó que parecía estar muerto.
La madre describió heridas en el rostro y la cabeza y señaló que Sierra permaneció hospitalizado dos semanas. Después comenzó a observar rabietas frecuentes, resistencia a cumplir reglas y episodios de llanto. Finalmente, abandonó la secundaria.
La defensa sostiene que una lesión cerebral grave sufrida durante la infancia alteró permanentemente su personalidad y por ello solicita cadena perpetua. El relato materno respalda este argumento de los abogados.
Sierra admitió haber asfixiado con una bolsa de plástico a Gladys Machado, de 29 años, de quien estaba separado, y a las hijas de ella: Julia, de seis años, y Daniela, de tres. Los crímenes ocurrieron el 10 de noviembre de 2012. Los cuerpos fueron encontrados tres días después en un armario de la vivienda familiar en Flagami.
La fiscalía concluyó su presentación el martes, después de que allegados de las víctimas explicaran las consecuencias de sus muertes. Entre ellos habló Michael Padrino Jr., el único hijo sobreviviente de Machado, quien presentó una declaración sobre el impacto de los asesinatos.
La jueza Marisa Tinkler Mendez preside el proceso en Miami-Dade. Los 12 integrantes del jurado evalúan los testimonios y las pruebas para pronunciarse sobre la pena, después de que Sierra reconociera su culpabilidad.
Jurado escuchó la confesión de Alberto Sierra
Un jurado de Miami-Dade escuchó la confesión grabada de Sierra ante un detective. Durante la reproducción de la entrevista, el acusado permaneció impasible en la sala.
La declaración fue registrada en una cinta VHS el 19 de noviembre de 2012, nueve días después de los crímenes y seis después del hallazgo de los cuerpos. En ella, el detective Juan Carlos Chaidez le preguntó si sabía que estaba detenido por las tres muertes. Sierra respondió que sí.
El hombre relató que ató las manos de Machado detrás de la espalda con una cuerda de nailon blanca y la asfixió con una bolsa de plástico. Después utilizó el mismo procedimiento contra las menores. Según su confesión, Julia vio a su madre muerta y lloró; Daniela se encontraba dormida.
Durante la audiencia se mostraron videos de las niñas. La grabación también incluyó referencias a actos cometidos contra los cuerpos de Machado y Julia. Sierra describió además cómo intentó limpiar el dormitorio principal, el vestidor, el baño, la cocina y otras áreas de la vivienda para ocultar lo sucedido.
El acusado situó el comienzo de la violencia después de una visita al Mall of the Americas, donde compraron helados para los niños. Afirmó que sintió celos cuando Machado recibió una llamada y que discutieron. Sus sospechas sobre una relación con otro hombre no aparecen corroboradas en la información aportada.
Por su parte, la fiscalía sostuvo que Sierra secuestró a la mujer y a las niñas a punta de cuchillo y las trasladó hasta la casa donde las asesinó. Días después, un vecino percibió olor a descomposición y encontró los tres cuerpos dentro del armario del dormitorio principal de la vivienda.