
La reciente inauguración de la primera línea de producción de picadillo MDM (carne mecánicamente deshuesada) en la Empresa Cárnica de Sancti Spíritus ha sido presentada como un avance por el gobierno cubano, que asegura que la inversión de medio millón de dólares contribuirá a mejorar la producción de alimentos en el país.
Sin embargo, este supuesto progreso plantea serias interrogantes sobre la calidad de los productos ofrecidos y si realmente responde a las necesidades de la población cubana.
El picadillo MDM es un producto que, aunque en términos técnicos se considera carne, en realidad se obtiene de todos los sobrantes de la industria de la matanza de cerdos, aves y ganado vacuno. En esa máquina moledora se añaden, huesos, piel y hasta pesuñas. De hecho, la propia nota en la prensa oficialista reconoce que el MDM es un extensor para otros productos cárnicos como el embutido. Pero en Cuba se comercializará como tal.
Este tipo de carne es ampliamente utilizada en la industria alimentaria, pero su valor nutricional y su aceptación entre los consumidores son cuestionables. La pregunta que surge es: ¿es este realmente el tipo de solución que Cuba necesita para enfrentar la grave crisis alimentaria que atraviesa?
A punto d iniciar nueva línea productiva en Empresa Cárnica #SanctiSpíritusEnMarcha
Tendrá a su cargo el manejo del primer equipamiento d su tipo en Cuba destinado a la obtención de MDM, materia prima utilizada en la elaboración d alimentos conformadoshttps://t.co/Hn6EfRDvLr
— Escambray (@escambraycu) April 12, 2025
En lugar de ofrecer alimentos nutritivos y de calidad, el gobierno cubano parece conformarse con soluciones que sustituyen importaciones sin resolver el problema de fondo: la escasez de proteínas de calidad y el acceso limitado a productos frescos y saludables. La producción de 60 toneladas de MDM al mes, que se presentará como una alternativa económica, no es más que un paliativo temporal ante una crisis estructural en la que las opciones alimentarias son cada vez más escasas y menos satisfactorias para los cubanos.
Este tipo de iniciativas se suman a un historial de promesas incumplidas y medidas insuficientes. Hace unos años, el exministro de la Industria Alimentaria, Manuel Sobrino, sugirió que la población cubana podría recurrir al consumo de tripas, una declaración que reflejó la desconexión del gobierno con las realidades que enfrentan los ciudadanos.
En lugar de utilizar el medio millón de dólares para la construcción de una maquinaria, el gobierno debería utilizar esos fondos para pagar deudas que mantiene con campesinos cubanos y de esta forma incentivar la producción local de alimentos.
Mientras tanto, los dirigentes de la cúpula castrista continúan disfrutando de lujos y privilegios, ajenos a las penurias diarias de la mayoría de la población. Mientras el pueblo cubano lucha por acceder a alimentos básicos, los altos funcionarios del régimen siguen viviendo en un confort inaccesible para la mayoría, lo que refleja la hipocresía de un sistema que no hace más que ofrecer migajas a los ciudadanos, mientras sus líderes acumulan riquezas.