
En pleno deterioro del sistema eléctrico cubano, el Proyecto de Desarrollo Local Gomate inauguró en el consejo popular Virginia, en Santa Clara, la primera “solinera” de Villa Clara.
Se trata de una instalación de paneles solares pública que brinda energía eléctrica mientras haya luz solar. Allí pueden ir los vecinos con sus electrodomésticos para cocinar alimentos, cargar teléfonos, recargar motos eléctricas, entre otras cosas hasta que soporte la capacidad de enchufes eléctricos.
La iniciativa fue presentada por sus promotores como una alternativa para la comunidad, pero generó reacciones divididas por lo que revela sobre la crisis energética en Cuba.
Según explicó Julio Ernesto Gomate Morales, director del proyecto, la obra fue levantada en nueve días y comenzó desde cero. El espacio cuenta con un área para recargar motorinas, triciclos y otros equipos con baterías, además de una zona destinada a la preparación de alimentos con ollas, hornillas y otros electrodomésticos.
La propuesta se vende como una respuesta rápida a la falta de corriente, en momentos en que cocinar en casa se ha convertido en un problema cotidiano para miles de familias.
La instalación tiene capacidad para atender al mismo tiempo a seis vehículos y dispone de 26 tomas dobles, con posibilidad de conectar hasta 52 equipos de cocción.
Gomate Morales aseguró que el servicio para cocinar será gratuito para la población, mientras que la carga de los medios de transporte tendrá un precio que aún no ha sido definido. Afirmó que la meta será mantener ese costo lo más bajo posible, aunque reconoció que el emplazamiento necesita ser autosostenible.
Desde el discurso oficial, la nueva solinera fue presentada como un avance en la llamada “independencia energética local”. Zoraima Escobar Poveda, presidenta del consejo popular Virginia, dijo que se trata de una fortaleza para la comunidad y de una opción útil para sobrellevar los cortes de electricidad.
El mensaje insistió en mostrar el proyecto como un ejemplo del vínculo entre la empresa estatal y formas de gestión privada, así como una experiencia que podría replicarse en otros territorios del país.
Reinaldo Andino González, creador adjunto del grupo Eléctrica Total, detalló que en la instalación se montaron 30 kilovatios de potencia y 60 kilovatios de almacenamiento, con 56 paneles solares.
También señaló que el sistema fue concebido para operar en contingencias como huracanes y otras situaciones que provoquen apagones más largos. En la práctica, sin embargo, la propia razón de ser de la obra deja en evidencia el nivel de precariedad energética que atraviesa el país.
Reacciones entre el alivio y la humillación
El vecino Miguel Ángel García Marimón resumió esa contradicción al considerar que la iniciativa es útil, pero insuficiente. Reconoció que contar con un lugar para cargar el teléfono o cocinar cuando no hay electricidad representa un paso importante, aunque advirtió que todavía falta mucho para resolver el problema energético en el barrio.
Su comentario coincidió con el sentir de quienes ven la obra como un alivio puntual, pero no como una respuesta de fondo al colapso del servicio eléctrico.
Las redes sociales recogieron con claridad ese malestar. Varios usuarios ironizaron con la idea de ir por el barrio “con la olla debajo del brazo” para poder cocinar.
Otros preguntaron si habría que hacer cola para usar la instalación, en una provincia donde los apagones son constantes. También hubo quienes calificaron la escena como una humillación y una muestra del retroceso del país, al tener que trasladar a un espacio público tareas domésticas básicas que deberían resolverse dentro de cada vivienda.
No faltaron, además, las dudas prácticas. Algunos usuarios cuestionaron las condiciones de seguridad contra incendios de una instalación pensada para conectar decenas de equipos de cocción al mismo tiempo.