
Investigadores en Cuba tienen en marcha un ambicioso proyecto para proteger y salvar de la extinción a los caracoles arborícolas Polymita, considerados los más bellos del mundo, informó la BBC.
Estas especies, nativas del este de Cuba, se encuentran en peligro de extinción debido al comercio de sus conchas, codiciadas por coleccionistas a nivel internacional por tener diseños extravagantes a diferencia de otros moluscos.
La especie más amenazada es la Polymita sulphurosa, reconocible por su color verde lima, llamas azules en las espirales y bandas naranja y amarilla en su caparazón. La belleza que los hace fascinantes para científicos y aficionados es, paradójicamente, la razón principal de su vulnerabilidad.
“Su belleza atrae a personas que coleccionan y comercian con conchas. Lo que los hace interesantes para mí como científico es lo que los pone en peligro”, explica el genetista evolutivo Angus Davison, de la Universidad de Nottingham, quien colabora estrechamente con biólogos cubanos en el proyecto.
A través de internet, una colección de siete piezas de Polymita llega a costar hasta 212 dólares. Lamentablemente, cada concha vacía representa la muerte de un caracol vivo, lo que pone a las poblaciones locales en riesgo de extinción.

Aunque existen normas internacionales que prohíben sacar los caracoles o sus conchas de Cuba sin permisos, la venta legal en otros países dificulta la conservación efectiva. Además, la pérdida de hábitat por deforestación y el cambio climático aumenta la presión sobre estas especies.
El proyecto involucra a investigadores de la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, como el profesor Bernardo Reyes Tur, quien cría los caracoles en cautiverio bajo condiciones adversas, incluyendo apagones frecuentes y un clima caluroso.
En una entrevista concedida al citado medio de prensa inglés, el investigador comentó que aún no ha logrado la reproducción de los caracoles, pero considera establecer su criadero ante la diaria problemática de la Isla.
Mientras tanto, en la Universidad de Nottingham se llevan a cabo análisis genéticos avanzados. El equipo de Davison conserva muestras de tejido en congeladores criogénicos para estudiar el genoma de los caracoles. La investigación busca identificar cuántas especies existen, cómo están relacionadas y qué partes de su ADN generan sus patrones de color únicos.
El objetivo final del proyecto es utilizar esta información genética para reforzar la conservación y proteger a estas especies antes de que la recolección y el comercio lleven a su desaparición. “El este de Cuba es el único lugar del mundo donde se encuentran estos caracoles. Ahí vive la experiencia de quienes los conocen y los aprecian. Esperamos que nuestra investigación genética contribuya a su conservación”, concluyó Davison.
El equipo también tiene como objetivo utilizar la información obtenida a través de la investigación para confirmar cuántas especies existen, cómo están emparentadas entre sí y qué parte de su código genético les confiere sus extraordinarios patrones de colores.

