
La exfuncionaria Ivette García González fue invitada al programa Cuba Primero en el canal de YouTube Cántalo TV. Allí recibió un aluvión de preguntas sobre su historial en el aparato diplomático-de inteligencia y su cambio de postura política.
La exfuncionaria declinó responder las preguntas más directas, lo que alimentó nuevas dudas en la diáspora sobre las intenciones de la opositora radicada en los Estados Unidos.
Historiadora, escritora y doctora en Ciencias Históricas, García González impartió clases en la Universidad de La Habana y fue profesora titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” (ISRI), centro bajo el MINREX que forma cuadros diplomáticos con prioridad para militantes del PCC, la UJC y familiares de la élite gobernante.
Según sus críticos, la exfuncionaria defendió públicamente a la Red Avispa—estructura de espionaje cubana desarticulada en Estados Unidos—y respaldó la narrativa oficial tras el derribo de las avionetas de “Hermanos al Rescate” en 1996, hecho que causó la muerte de cuatro exiliados. La Habana presentó entonces a los agentes como “héroes”; la funcionaria se alineó con ese discurso.
Entre 2007 y 2011, García González se desempeñó como primera secretaria en la Embajada de Cuba en Portugal. En ese periodo, representó a La Habana en foros públicos y abogó por la causa de “los Cinco”, integrantes de la red de espionaje. Sus intervenciones buscaron legitimar la posición del régimen ante audiencias internacionales.
Organizaciones y especialistas han señalado, además, su rol en la promoción de las “misiones médicas” cubanas, programas que el Gobierno vende como humanitarios, pero que acumulan denuncias de retención salarial, restricciones de movimiento y coerción política. El Sindicato Independiente de Médicos de Portugal y publicaciones académicas han documentado ese patrón, señalando también fines de inteligencia encubierta.
Para los críticos, ese esquema convierte a los profesionales en instrumentos de control y de obtención de divisas. En ese contexto, atribuyen a García González un papel activo de legitimación y expansión de dichas prácticas, más allá de las tareas diplomáticas formales.
Su entorno personal refuerza el vínculo con estructuras de seguridad: su exesposo, Leonardo Angulo Carmenate, fue oficial de la Contrainteligencia Militar (CIM) y actuó como supuesto “agregado administrativo” en la misma embajada portuguesa, una función que, según conocedores del sistema cubano, suele estar reservada a personal de inteligencia. La propia García lo identifica como oficial de la CIM en su libro “La Habana: tiempo de conflictos”, publicado por la editorial de las FAR, Verde Olivo.
El currículum de García González incluye colaboraciones académicas en México, Nicaragua, Costa Rica, Brasil, Argentina, Chile y Perú; participación en asociaciones como la ACNU y LASA; y autoría de textos alineados con la propaganda estatal, entre ellos “La Habana: Tiempos de conflicto”.