
La palabra jinetera contrariamente a lo que casi todo el mundo cree, no viene de jinete ni de jinetear, haciendo alusión gráfica a la posición en la que creemos que estas mujeres se ganan su vida. El vocablo alcanzó gran auge en los duros años del período especial en Cuba, cuando miles de mujeres, por necesidad, vendían su cuerpo no solo por dinero, sino incluso por un vestido con brillo.
El término deriva del nombre francés ginette, con el cual los quebequenses (canadienses de origen francés) designan a las prostitutas. Si tenemos en cuenta que el 90% del turismo hacia Cuba viene de Quebec, es fácil comprender la razón del origen de la palabra. El resto es una adaptación y tergiversación efectuada por la viva imaginación de los cubanos.
En emblemáticos sitios de La Habana como la 5ta Avenida, el Malecón o Guanabo; muchas de estas Flores Nocturnas —como las llamara el trovador Silvio Rodríguez en una canción— deambulaban hasta altas horas de la noche en espera de algún turista necesitado de sus favores.
Otro vocablo asociado a estos servicios es el de bayú o ballú con el cual se conocían los burdeles de la capital. El origen se encuentra en New Orleans, donde los prostíbulos se construían a las afueras de las ciudades y cerca de los pantanos a los que todavía hoy en día se les llama bayou. Y sabiendo que las primeras meretrices llegadas a la Isla después de constituida la República en 1902 eran oriundas de esa ciudad de la Luisiana, comprenderemos la razón por la que en Cuba se le conocía a los burdeles con ese apelativo.


Además, yo soy quebequense y aquí a las prostitutas no las llaman “Ginette”; eso es total ficción. Y el sufijo “era” o “ero” indica “residencia, paradero habitual, profesión u oficio”. Por ejemplo: “caballo/caballero”; “Habana/habanero”; “varada/varadero”; “bomba/bombero”; “recado/recadero”, etc. “Ginetera”, o “jinetera”, dado que “era” es un sufijo, no tiene sentido como lo explica.
Coincido totalmente con Alex. En los años 80 el término jinetero se le aplicaba a las personas que básicamente vivían del negocio de cambiar pesos cubanos en dólares que por supuesto en aquella época era ilegal. Muchos años más tarde fue que este término se le empezó a aplicar a las prostitutas
Creo que es un triste relato de un más triste oficio en un pueblo maravilloso donde mujeres valiosas sucumbieron en un momento asarorozo al oficio más viejo y denigrante que una mujer llegué a hacer para sobrevivir. Me apena y aunque seguro este artículo se escribió para informar, a mí como mujer y madre me dan ganas de llorar.
Muy de acuerdo con usted, analista