
El diablo es dibujado por la tradición cristiana con cuernos y echando candela por la boca, es un genuino indigno de la razón y la justicia. Utiliza mecanismos de acercamiento y de confusión.
No voy a comparar a la candidata demócrata Kamala Harris con Satanás, pero su agenda para los próximos cuatro años —si logra llegar a la Casa Blanca— pueden confundir a quien no haya vivido y padecido de similares estrategias. Y ahí está el peligro.
Su programa de gobierno está trazado en pocas líneas, tomando como base el plan de J. Biden, pero con un giro más definido hacia la izquierda. Sus puntos clave son:
En economía
- Reducir el costo de la vivienda
- Atención sanitaria y cuidados infantiles
- Ampliar el crédito tributario por hijo
- Cancelar deudas médicas
- Bajar los precios de medicamentos
En lo social
- Condonar préstamos estudiantiles y velar por los derechos de los consumidores.
En política exterior
- Mantener las alianzas tradicionales. Este es, en resumen, su plataforma política. Como buen populista, no aclara de dónde vendrán los fondos para tantas gratuidades.
Es preciso explicar algunos detalles. Harris forma parte directa del fracaso de las políticas que han llevado al país a este estado de cosas: crisis inflacionaria, alto costo de la vida, traspiés económicos de todo tipo, debilidad fronteriza y poca visión en política exterior respecto a regímenes comunistas.
Ahora la actual vicepresidenta se nos presenta como ajena al caos del que fue parcialmente responsable. Bastan tres elementos clave para ver el rostro real de Kamala Harris por dentro: es partidaria de la muerte, aprueba el aborto, dejó de ser india para mostrarse como afroamericana, especulando que el 92% de este sector social los apoyó en 1921, y por último, ha dejado en claro que pretende poner censura y mordaza a las redes sociales.
Por otra parte, en temas modulares, sus cambios de postura dejan en claro posiciones ambiguas. Lo que condena hoy, lo aplaude mañana. Un ejemplo cardinal es la frontera sur y la propuesta de Trump de construir un muro de contención. Para ella era inmoral, ahora lo ve como una solución.
Demasiadas coincidencias para no ver el peligro que implica regalarle la presidencia a una persona tan inconstante. Quedan dos hechos muy perniciosos: la promoción de una política de cambio de sexo en edades tempranas, incluso sin el consentimiento de los padres, que pondría en riesgo la esencia misma de la familia.
Estos factores se llevarían a cabo bajo un aluvión de impuestos que harían crecer de modo descomunal al gobierno federal, en la misma medida que limitarían las libertades individuales. Estaríamos envueltos en una nube de contradicciones muy parecidas a las engendradas en países de corte socialista. ¿Acaso querríamos esto? Y esto parece ser su objetivo.
Es notable que el senador Roger Marshall haya denunciado las cifras falsas del gobierno de Biden y Kamala en cuanto a empleo e inflación, con el objetivo deliberado de engañar a los votantes. Y ahora han gastado una fortuna para darle a Kamala Harris una proyección que sencillamente no tiene. Lo observamos con claridad en sus declaraciones y entrevistas, en las que demuestra su incapacidad para medirse con cualquier polemista de mediana estatura.
En cuanto a su elección para vicepresidenta, no pudo escoger peor fórmula: nos referimos al senador Tim Walz, otro mentiroso, atrapado in fraganti haciéndose pasar por un militar de combate cuando nunca estuvo en zona de guerra. Ha sido un escándalo denunciado por militares que sí estuvieron en los frentes de combate.
Así, ambos han demostrado que mentir y engañar son los métodos del estilo demócrata que los empuja a desdibujar la campaña electoral.
Los entendidos afirman que las cifras dadas por Kamala están infladas más allá del 30%. ¿Cómo creerle en otros matices de su programa político y en ideas menos difundidas, que serían opuestas a la esencia libertaria que ha hecho grande a este país?
Ella es una persona sin calibre, no solo en política doméstica, sino también en política exterior. Recuerdo un trance humillante cuando, en Corea del Sur, declaró que Corea del Norte era el principal aliado de Estados Unidos en Asia, algo que no puede considerarse un error, sino un tremendo desconocimiento de la política exterior más básica.
Su risa casi perenne podrá conquistar razones, pero para mí es la antesala de reconocer que la pregunta está más allá de sus conocimientos. Entonces sonríe, y no sabe qué hacer. Pero yo sí: ninguna sonrisa vale más que mi libertad. Mi voto no será para Kamala Harris.
Artículo de opinión publicado bajo la Política de Renuncia de Responsabilidad de Periódico Cubano

