
La actriz cubana Yerlín Pérez, quien vive en Estados Unidos desde hace cuatro años, atraviesa una situación migratoria y personal marcada por la incertidumbre, la distancia familiar y las limitaciones legales propias del estatus I-220A, una figura administrativa que afecta a miles de cubanos llegados recientemente al país.
En una entrevista con La Familia Cubana TV, Pérez habló con franqueza sobre el impacto del exilio, la enfermedad de su padre en Cuba y la imposibilidad de regresar sin poner en riesgo su situación legal.
Pérez salió de Cuba a finales de 2020, cuando estaba a punto de cumplir 50 años, y se estableció en EEUU, donde vive con su hijo, luego de una larga travesía. Sus padres permanecen en Cuba, ambos ancianos y con un estado de salud deteriorado.
Según mencionó la actriz, su padre padece una enfermedad degenerativa. Explicó que no viaja a Cuba no por una prohibición expresa, sino por la realidad legal de su estatus migratorio.
La cubana se encuentra bajo I-220A, una orden de libertad bajo palabra con supervisión, que no concede un estatus migratorio formal ni garantías de reingreso al país si sale de EEUU. En la práctica, esto significa que un viaje a Cuba podría impedirle regresar y afectar su proceso legal en curso. Como muchos cubanos en su misma situación, vive en un limbo jurídico que condiciona decisiones familiares fundamentales.
Más allá del aspecto legal, Yerlín describe la migración como un conflicto emocional profundo. Utiliza la metáfora de una mochila cargada con casi cinco décadas de vida en Cuba: recuerdos, afectos, calles, olores y experiencias que pesan y acompañan cada paso.
“Ahí hay dolor, ahí hay nostalgia, ahí está toda mi vida”, afirma. Para ella, el reto ha sido aprender a vivir con ese peso y seguir adelante, impulsada por la responsabilidad de criar a su hijo y la necesidad de “florecer” en un nuevo país.
En su testimonio, la actriz diferencia claramente entre el país que ama y el sistema político que rechaza. Pérez no oculta su crítica a la censura, la represión y la falta de libertades en Cuba, razones por las que decidió emigrar y por las que no quiso que su hijo creciera en la Isla.
Al mismo tiempo, subraya que su rechazo es hacia el modelo político, hacia la dictadura y no hacia la gente ni hacia el lugar donde nació, del que conserva algunos de los mejores recuerdos de su vida.
La situación de Yerlín Pérez ilustra el drama de muchos artistas e intelectuales cubanos en el exilio, atrapados entre procesos migratorios inciertos, vínculos familiares rotos por la distancia y una relación compleja con su país de origen.
Su historia no es solo la de una actriz emigrada, sino la de una generación que carga con la nostalgia, la pérdida y la necesidad de rehacerse lejos de casa, mientras espera una definición legal que le permita vivir sin miedo y reencontrarse, al menos en parte, con los suyos.


Una de las cosas más tristes en toda esta inmigración reciente es el hecho de que no acaban de reconocer que fueron tontos útiles, que fueron personas que se dejaron manipular para hacer una crisis dentro de Cuba y que inevitablemente han sido olvidados. Tomaron decisiones totalmente equivocadas ya que tenían una vida tenían prosperidad y todo eso que habla de libertades y de censura sencillamente son excusas para poder recibir el visado para poder recibir la residencia y en ese aspecto y en una de esas pocas cosas que le damos la razón a Marcos Rubio, se fueron sencillamente por dinero por supermercados llenos y por no querer compartir con su pueblo que lo que los admiraba o Que les gustaba su trabajo o que se divertían con su trabajo y ahora sencillamente están sufriendo las consecuencias. Porque no pueden esperar que los americanos sientan y padezcan por ellos, fueron cobardes y están pagando por ellos eso se llama justicia divina.
No es la primera persona que ha pasado por esa situación, casi todos de una u otra forma la hemos pasado pero eso es el parte del precio a pagar por nuestra libertad. Muchos han sabido de la muerte de familiares cercanos y no han podido ir por distintas razones. La nostalgia es algo que después de casi 32 años aquí aún siento y no creo w se me quite. Los que vinieron primero tardaron muchos años en poder regresar y no todos porque el régimen no acepta a todos
Deseo que resuelva su situación migratoria pero sus sentimientos no son ajenos a cualquiera del exilio