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La estafa de la caja “que duplicaba el dinero” ¿Cómo funcionaba este aparato?

La caja que duplicaba el dinero o caja rumana
La caja al principio sacaba billetes auténticos, pero luego sus compradores se llevaban tremenda sorpresa. (Foto © Periódico Cubano – Chat GPT)

La “caja que duplica el dinero”, conocida también como “caja rumana”, fue una de las estafas de confianza más llamativas del siglo XX. El engaño se basaba en convencer a la víctima de que una máquina podía copiar billetes auténticos mediante un supuesto proceso químico y mecánico.

El estafador presentaba una caja de madera equipada con ranuras, rodillos, palancas y compartimentos ocultos. La apariencia del dispositivo buscaba transmitir complejidad tecnológica.

Durante la demostración, solicitaba a la víctima un billete de alta denominación, lo introducía junto con una hoja de papel y afirmaba que la reproducción demoraba varias horas.

La clave estaba en que la caja había sido preparada previamente con uno o varios billetes verdaderos. Cuando transcurría el tiempo indicado, el mecanismo expulsaba uno de esos ejemplares ocultos.

El delincuente podía acompañar a la víctima hasta un banco o comercio para comprobar que el supuesto duplicado era auténtico. Esa verificación eliminaba buena parte de las dudas.

Una vez ganada la confianza, el estafador ofrecía vender la máquina por una suma elevada. El comprador calculaba que recuperaría rápidamente la inversión fabricando dinero de manera ilimitada. El precio podía alcanzar miles de dólares, una cantidad considerable para la época.

Después de concretar la venta, la caja todavía podía expulsar dos o tres billetes reales colocados por el delincuente. Esto retrasaba el descubrimiento del fraude y le daba tiempo suficiente para abandonar la ciudad. Cuando se agotaban los billetes escondidos, del aparato solo salían papeles en blanco.

El método fue asociado con Víctor Lustig, célebre estafador austrohúngaro conocido también por haber organizado la falsa venta de la Torre Eiffel. Lustig utilizó diferentes identidades y desarrolló sus engaños en Europa y Estados Unidos durante las primeras décadas del siglo pasado.

¿Cómo fue la falsa venta de la Torre Eiffel?

En 1925, mientras París se recuperaba de la Primera Guerra Mundial, Lustig leyó una noticia sobre los elevados costos de mantenimiento de la Torre Eiffel. A partir de esa información, ideó uno de los fraudes más célebres de la historia: vender el monumento como chatarra.

Lustig encargó documentos gubernamentales falsos y convocó a seis comerciantes de metales en el prestigioso Hotel de Crillon. Allí se presentó como subdirector general del Ministerio de Correos y Telégrafos y afirmó que el Gobierno francés, incapaz de asumir los gastos de conservación, había decidido desmontar la torre y vender sus materiales en secreto.

La Torre Eiffel, construida entre 1887 y 1889, fue inaugurada el 31 de marzo de 1889, con motivo de la Exposición Universal de París. (Foto © Periódico Cubano)

La historia parecía creíble porque la Torre Eiffel había sido construida originalmente como una estructura temporal para la Exposición Universal de 1889. Tras llevar a los empresarios a inspeccionarla en una limusina alquilada, Lustig seleccionó como víctima a André Poisson, un comerciante inseguro que aspiraba a ganar prestigio.

Cuando la esposa de Poisson expresó sospechas, Lustig reforzó el engaño insinuando que era un funcionario corrupto que esperaba un soborno. Poisson pagó tanto por la supuesta concesión como por garantizar el favor del falso representante gubernamental.

Lustig y su cómplice Robert Arthur Tourbillon huyeron a Viena con el dinero. Poisson, avergonzado, no denunció el fraude. Un mes después, Lustig regresó a París e intentó vender nuevamente la Torre Eiffel, pero esta vez la víctima acudió a la policía antes de pagar. Aun así, los estafadores lograron escapar.

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