
La antigua tienda Yumurí, ubicada en la intersección de Belascoaín y Carlos Tercero, en La Habana, permanece cerrada y en estado avanzado de destrucción desde hace años, siendo hoy un símbolo visible del deterioro que atraviesa la capital cubana.
Imágenes compartidas recientemente por la cuenta de Facebook DisA muestran el abandono total de lo que fuera una de las tiendas más emblemáticas de La Habana. La edificación, una gran construcción que prácticamente ocupa una cuadra completa, se encuentra en ruinas: techos colapsando, paredes agrietadas y estructuras visiblemente inestables.
El entorno no muestra un panorama diferente. Varias edificaciones aledañas también están deshabitadas y presentan un deterioro progresivo, desmoronándose poco a poco, fragmento a fragmento.
El caso de la tienda Yumurí no es aislado. Representa el estado de una ciudad que se deshace ante la falta de mantenimiento, inversión y políticas públicas eficaces. En numerosos barrios de La Habana se repite el mismo escenario: construcciones en ruinas, viviendas en peligro de derrumbe y espacios urbanos abandonados, mientras miles de residentes viven bajo el riesgo constante de colapsos estructurales.
Este panorama se desarrolla en medio de un éxodo sin precedentes, marcado por la salida masiva de ciudadanos que han perdido la esperanza frente a la precariedad cotidiana, la falta de oportunidades, el deterioro acelerado de las condiciones de vida y la represión política. La despoblación, lejos de aliviar la crisis urbana, ha profundizado el abandono de edificios y zonas completas de la ciudad.
La ausencia de acciones efectivas por parte del Estado contrasta con la magnitud del problema. Lejos de ofrecer soluciones, la mala gestión institucional es señalada como una de las principales causas del colapso urbano que afecta no solo a La Habana, sino al país en su conjunto.
A la par, la basura crece como un problema descontrolado en la ciudad, generando cada vez mayores focos de insalubridad, malos olores y la proliferación de vectores, afectando la calidad de vida de quienes habitan la ciudad.
Mientras tanto, espacios que alguna vez fueron centros de actividad comercial y social, como la tienda Yumurí, quedan reducidos a ruinas que testimonian el abandono, la desidia y la pérdida de futuro de una ciudad que se cae a pedazos.

