
El reciente conflicto entre Tailandia y Camboya llegó a su fin este lunes gracias a la mediación de Estados Unidos a través de la presión comercial. Las hostilidades concluyeron con la firma de un acuerdo de “Alto al Fuego”.
“Hemos puesto fin a la guerra y estamos muy contentos”, declaró el presidente Donald Trump, desde el resort de Turnberry, en Escocia, acompañado del primer ministro británico Keir Starmer.
El mandatario republicano señaló que logró destrabar el conflicto apelando a medidas económicas: “Dije: ‘No quiero comerciar con nadie que se esté matando entre sí’. Lo resolvimos mediante el comercio”.
El mandatario estadounidense felicitó a los primeros ministros de Tailandia, Paetongtarn Shinawatra, y de Camboya, Hun Manet. Asimismo, calificando como un “honor” haber participado en la resolución.
La tregua, sellada en Kuala Lumpur luego de una reunión a puerta cerrada entre delegaciones de ambos países, pone fin a dos meses de intensos enfrentamientos fronterizos que provocaron al menos 16 muertes y el desplazamiento de más de 130.000 personas.
El conflicto entre Tailandia y Camboya resurgió a finales de mayo, cuando un soldado camboyano murió a manos de fuerzas tailandesas en las inmediaciones del templo de Preah Vihear, en una zona históricamente disputada.
Desde entonces, se intensificaron los ataques cruzados, incluyendo el uso de misiles y bombardeos aéreos. El jueves pasado, ambas partes se acusaron mutuamente de iniciar los disparos, con Camboya denunciando ataques a civiles y Tailandia desplegando aviones F-16 en respuesta.
La situación también provocó una grave crisis política en Tailandia. La primera ministra Paetongtarn Shinawatra fue suspendida por un tribunal tras filtrarse una conversación telefónica con Hun Sen —exlíder camboyano y padre del actual primer ministro— en la que se mostraba sumisa y crítica con los militares tailandeses.
El incidente provocó protestas masivas en Bangkok y debilitó su liderazgo, marcado por la influencia de su padre, el poderoso exmandatario Thaksin Shinawatra.
En el centro del conflicto se encuentra el templo Prasat Ta Muen Thom, una ruina del Imperio Jemer situada en la provincia tailandesa de Surin, rica en herencia cultural compartida entre ambos países.
Este templo se suma a otros sitios en disputa, como Preah Vihear, cuya soberanía fue otorgada a Camboya en 1962 por la Corte Internacional de Justicia. Sin embargo, la interpretación divergente de mapas coloniales ha mantenido viva la tensión durante décadas.
Las batallas esporádicas han ocurrido desde 2008, con el último gran enfrentamiento mortal registrado en 2011. La reciente escalada, con uso de artillería pesada y movilización de fuerzas, despertó temores de una guerra prolongada en una región donde China también busca afianzar su influencia. Tanto Camboya como Tailandia mantienen estrechos vínculos comerciales con Pekín, que observa el desarrollo con cautela.
El desenlace, impulsado por la amenaza de sanciones comerciales de EEUU, marca una victoria diplomática para Trump en un momento de creciente competencia geopolítica en Asia.