
La crisis hídrica en Cuba sigue afectando a miles de cubanos, que deben buscar soluciones ingeniosas para sobrevivir a la escasez de agua y al abandono total del régimen comunista, que no es capaz de satisfacer los servicios básicos de la población.
En una zona rural del municipio de Bahía Honda, en la provincia de Artemisa, una creadora de contenido documentó en un breve video cómo tres mujeres de diferentes generaciones enfrentan la crisis. Carlita, Yami y la señora Gordi, integrantes del canal La Gordis y su familia, han contado cómo deben ingeniarse para cumplir con sus labores diarias sin el recurso básico.
A través de sus videos, las tres mujeres muestran que, además de las dificultades laborales y las tareas domésticas, su principal desafío es la falta de agua, que obliga a la familia a cargar agua del arroyo cuando se va el suministro. Esta situación se ha vuelto una constante en su día a día, al punto de que ya no es solo un inconveniente ocasional, sino una necesidad urgente que deben realizar a diario.
“Es que no hay agua. Si no hay corriente, no hay agua. Es lo que nos toca”, comenta Yami mientras muestra cómo deben caminar hasta el arroyo para llenar cubos. Utilizan esa agua para cocinar, limpiar y lavar.

A pesar de todo, la familia se organiza para pintar la casa, hacer los mandados y cumplir con el trabajo en el hogar, todo mientras lucha por sobrevivir en un contexto de pobreza y escasez. “A veces la vida te pone a trabajar mucho, pero también te enseña a ser fuerte”, reflexiona Carlita mientras trabaja. “La vida en Cuba no es fácil, pero tenemos que seguir. Solo queda luchar”, acota la mayor de las tres.
La crisis hídrica en Cuba afecta a millones de personas por fallos en la infraestructura y apagones prolongados. En La Habana, se pierden entre un 40% y 70% del recurso por fugas y defectos en las bombas y acueductos deteriorados. Además, los apagones queman motores de bombas, dejando sin agua a decenas de miles, como ocurrió recientemente con 90.000 habaneros.
Las comunidades del oriente del país enfrentan hasta cinco meses sin suministro regular, mientras que averías en equipos, como en Matanzas (20.000 personas afectadas) y Trinidad (4.000 habitantes sin agua por seis bombas rotas), agravan la situación.
La flota de camiones cisterna ha sido reducida a la mitad en lugares como Santiago, lo que obliga a la población a recurrir al mercado negro para obtener agua, pagando hasta 25.000 pesos por un camión cisterna de 20 mil litros.
En el oriente, los apagones de 24 horas, sumados a las inundaciones, empeoran el acceso a agua potable, generando crisis sanitarias con agua sucia y pestilente cuando se restablece el flujo.
Datos oficiales reconocen que más de tres millones de personas sufren escasez crónica. En barrios como La Marina, en Matanzas, los residentes recolectan agua no potable de las calles después de seis meses sin servicio.

