
Leonardo Padura publicó un extenso análisis en El País donde radiografía la devastación económica y social que atraviesa Cuba. El escritor habanero, ganador del Princesa de Asturias de las Letras, afirma que el país necesita cambios profundos mientras el régimen reprime cualquier voz disidente.
Su diagnóstico llega en medio de una enorme crisis energética agravada por sanciones de la administración Trump y una población cada vez más empobrecida.
Leonardo Padura describe una Cuba peor que en los años noventa
El novelista y periodista no escribe desde el exilio ni desde una redacción extranjera. Vive en La Habana y desde ahí lanza su diagnóstico bajo el título “¿Y qué va a pasar en Cuba?”, una pregunta que millones se hacen dentro y fuera de la isla.
Padura sostiene que el presente cubano supera en gravedad al célebre Período Especial de los noventa. Aquella crisis golpeó a casi todos por igual, manteniendo cierta cohesión social.
La diferencia ahora es que la crisis es vertical. “Muchos están jodidos, pero un sector ya visible se ha ido enriqueciendo mientras opera con las carencias que el Estado no es capaz de aliviar”, escribió el autor de la saga de Mario Conde.
El escritor mencionó el bloqueo energético impuesto por la administración Trump, que paralizó sectores completos de la economía. Los apagones interminables, el transporte colapsado, la falta de medicinas, la inflación galopante y los salarios miserables configuran un escenario que economistas e investigadores sociales califican como el peor en décadas.
La población que enfrenta esta tormenta ya no es la misma. Millones de jóvenes emigraron, la represión mermó la capacidad de protesta y quienes permanecen cargan con un agotamiento acumulado durante años.
Cambio en Cuba: entre la inversión de emigrados y la parálisis del régimen
Padura desmenuza las causas estructurales del desastre. Las reformas de Raúl Castro eliminaron subsidios bajo la consigna de avanzar sin prisa, pero abrieron una brecha de desigualdad sin ofrecer alternativas reales.
El deshielo con Obama quedó desaprovechado por el gobierno cubano. Después vinieron la pandemia, el desplome del turismo, la reducción de la ayuda venezolana y la unificación monetaria de 2021, que pulverizó el poder de compra de los ciudadanos.
También cuestionó las prioridades del régimen. Construyeron hoteles para visitantes que jamás aparecieron mientras demoraron la apuesta por energía solar, una tecnología que ahora instalan a toda prisa en zonas críticas.
¿Los cubanos de adentro no pueden invertir?
Su escepticismo se extiende a la reciente medida que permite a emigrados cubanos invertir en casi cualquier sector, incluida la banca y la infraestructura. Los residentes en la isla quedaron excluidos de esas oportunidades.
“Es como si se asumiera que los de dentro son tan pobres que no podrían montar ni siquiera una fábrica de zapatos”, apuntó Padura con mordacidad.
Los posibles inversores extranjeros tampoco se apresuran. Un gobierno que modifica reglas a conveniencia, paga mal sus compromisos financieros y mantiene cuentas bancarias congeladas no genera precisamente confianza.
El escritor advierte que todos los escenarios están abiertos, desde un cambio cosmético hasta una intervención militar estadounidense con consecuencias impredecibles. Nadie puede anticipar el desenlace.
Cuba debe cambiar
“Cuba debe cambiar, pero no debería ser porque la estén asfixiando fuerzas exógenas, sino porque los cubanos, empobrecidos, hastiados, desesperanzados, necesitamos que cambie, en muchos sentidos”, concluyó Leonardo Padura.
Mientras tanto, el gobierno de Miguel Díaz-Canel sigue sin acusar recibo de esa urgencia. La represión contra las voces críticas continúa sin tregua, cerrando los espacios que podrían impulsar las transformaciones que la isla reclama a gritos.