
La carne de cerdo, elemento central en las celebraciones de fin de año en Cuba, ha alcanzado precios inéditos, superando los 1.000 pesos cubanos (CUP) por libra, a tan solo un mes de las festividades de diciembre. Este costo exorbitante, resultado directo de la inflación y el colapso económico del país, deja a gran parte de la población sin posibilidades de mantener sus tradiciones.
Históricamente, el cerdo ha simbolizado unidad y abundancia en las festividades cubanas. Sin embargo, la crisis actual convierte este alimento en un lujo reservado para quienes reciben remesas del extranjero o tienen acceso a ingresos en dólares. Mientras tanto, los trabajadores que dependen de un salario promedio de 4.000 CUP al mes se enfrentan a una realidad devastadora: con ese ingreso apenas podrían comprar cuatro libras de carne de cerdo, en caso de que empleen la totalidad de sus ingresos a esa comida.
En las redes sociales, las reacciones no se han hecho esperar. “En mi casa hace seis años que no comemos carne de cerdo”, comentó Reynaldo López Llano. Otros, como Lianet Prado, lamentan que “la cena de fin de año es un lujo para quienes les sobra el dinero; los demás nos conformaremos con croquetas”.
El gobierno cubano, principal responsable de la debacle económica, ha sido incapaz de controlar una inflación galopante que afecta todos los aspectos de la vida cotidiana. La falta de políticas efectivas para fomentar la producción agrícola y ganadera, sumada a la corrupción y el desabastecimiento, ha dejado a los cubanos sin acceso a productos esenciales.
La inflación no solo afecta la carne de cerdo. Productos como el arroz, los frijoles y el aceite también alcanzan precios inalcanzables para el ciudadano común. Según Yoel González, “la situación con la carne es un reflejo de lo que sucede con todos los alimentos básicos”.
Según datos oficiales, entre 2018 y 2022, la producción cayó casi un 90%, pasando de 149.000 toneladas en 2018 a solo 15.000 toneladas en 2022. Este descenso ha llevado a una escasez significativa del producto en el mercado nacional, incrementando la dependencia de importaciones para satisfacer la demanda interna. España se ha convertido en el principal proveedor de carne de cerdo para Cuba, seguido por Canadá y Brasil.
Muchas Mipymes privadas con permisos de importación también compran esta proteína animal en Estados Unidos, por lo cual al venderla en el mercado interno se dispara el precio. Los privados deben lidiar con el volátil tipo de cambio en el mercado informal de divisas, ya que el gobierno no les da acceso a la tasa de cambio oficial.
Cubanos en el extranjero, quienes suelen enviar remesas para aliviar la carga de sus familiares, también expresan su frustración. Sonia Pérez, residente en España, lamentó: “Desde que tengo uso de razón, los que pueden comer carne de cerdo son los que tienen familia fuera. Es hora de aborrecerla y pasar al pollo”.
La economía cubana, basada en importaciones y dependencia externa, se encuentra en un estado de abandono. Muchos critican la falta de acción del gobierno. “El problema no es solo la inflación; es la ausencia de soluciones reales”, comentó Ricardo Menéndez, quien también cuestionó: “¿Cuándo dejaremos de vivir de créditos y donaciones?”.
Aunque el gobierno cubano insiste en culpar al embargo de EEUU, muchos ciudadanos señalan al propio sistema como el mayor responsable. Lathan Preston fue contundente: “Este es el bloqueo interno que los dictadores han impuesto al pueblo. Somos los únicos que podemos resolver esto”.