
La esposa del presidente designado cubano Miguel Díaz-Canel, Lis Cuesta, volvió a generar una fuerte polémica al aparecer con unas gafas de la marca Dolce & Gabbana en televisión nacional, durante el Coloquio “Patria con Fidel”, un evento oficial celebrado en La Habana con invitados de 25 países cuyos gastos fueron cubiertos íntegramente por el régimen.
El precio estimado de esas gafas rondaba el año pasado los 270 dólares, una cifra que equivale a más de 14.000 pesos cubanos según la tasa del mercado informal.
Para ponerlo en perspectiva, el salario medio mensual en Cuba se sitúa alrededor de 6.830 CUP según las últimas cifras disponibles. Es decir, esas gafas representan más de dos meses de trabajo para un cubano promedio.
A Lis Cuesta le gustan las marcas caras
Este episodio no es un caso aislado. En septiembre de 2025, Cuesta ya había sido fotografiada con las mismas gafas Dolce & Gabbana durante una visita oficial a Vietnam junto a Díaz-Canel. Y meses después protagonizó otro escándalo al llegar a la capital de Honduras luciendo unas gafas Gucci valoradas en más de 800 euros.
El video de su llegada a Tegucigalpa, bajando de un avión privado mientras las gafas fotocromáticas se oscurecían ante el sol tropical, se viralizó rápidamente y avivó la indignación en las redes sociales, tanto dentro como fuera de la isla.
Gabbana y Gucci en un país sin luz
Mientras estas imágenes circulan por internet, la situación en Cuba sigue deteriorándose. Los apagones prolongados continúan siendo parte de la rutina diaria en muchas provincias.
La escasez de alimentos básicos obliga a las familias a hacer colas de horas sin garantía de conseguir lo necesario. Los medicamentos esenciales son prácticamente un lujo, y los servicios públicos experimentan un declive que parece no tener fondo.
La inflación acumulada en los últimos años ha erosionado drásticamente el poder adquisitivo de los cubanos, y la brecha entre el salario oficial y el costo real de la vida se agranda cada mes.
La desconexión de Díaz-Canel y Cuesta alimenta aún más el descontento
Para una parte creciente de la población cubana y de la diáspora, los accesorios de lujo de Lis Cuesta se han convertido en un símbolo poderoso. No se trata solo de unas gafas: representan la distancia abismal entre quienes gobiernan y quienes sufren las consecuencias de sus decisiones.
Cada nueva aparición pública con marcas europeas de alta gama refuerza la percepción de una élite que vive completamente ajena al sufrimiento cotidiano de millones de personas. Y en la era de las redes sociales, donde cada imagen se amplifica y se comparte en segundos, estos gestos tienen un costo político que el régimen cubano parece subestimar.
La pregunta que muchos se hacen es simple pero incómoda: ¿cómo puede un gobierno que pide sacrificios constantes a su pueblo permitirse estos alardes de opulencia?