
El medio independiente CubaNet compartió una imagen de las ruinas de lo que alguna vez fue la fábrica de una de las cervecerías más importantes de Cuba antes de la revolución del fallecido dictador Fidel Castro: Polar.
La fotografía muestra los restos de un edificio que con el paso de los años y el abandono por parte del régimen comunista se ha ido derrumbando en el cruce de las vías 51 y Polar, en La Habana.
El declive de la empresa comenzó desde la llegada de Castro al poder. Su política de expropiación contra las empresas privadas provocó la migración al exilio de los propietarios de esta compañía.
Sin inversión sostenida ni mantenimiento adecuado, las instalaciones fueron perdiendo funcionalidad. Desde la década de 1990 el deterioro se hizo visible, y ya en los años 2010 el acceso público fue restringido por el riesgo de derrumbe.
El paso del tiempo, sin una política real de conservación, convirtió el sitio en otro ejemplo del patrimonio arruinado bajo administración estatal. A los daños estructurales se sumaron problemas técnicos en áreas claves, como la antigua planta de hielo. Allí, según versiones de vecinos, transformadores eléctricos averiados nunca fueron reemplazados por la Empresa Eléctrica.
El panorama es aún más crítico en los antiguos Jardines de la Polar. Ese espacio recreativo se ha transformado en un asentamiento informal donde residen numerosas familias, en su mayoría procedentes del oriente del país.
Muchas han ocupado estructuras abandonadas y levantado viviendas precarias, sin acceso estable a servicios básicos. Pese a amenazas de desalojo, la comunidad ha permanecido allí, dando lugar a un barrio marginal que sigue creciendo sin orden urbanístico.
Hoy, entre escombros, basura y edificaciones en riesgo, la antigua Polar refleja no solo la pérdida de una fábrica emblemática, sino también el fracaso en la gestión del patrimonio industrial cubano. Su restauración exigiría una inversión considerable y la reubicación de los ocupantes actuales.
Auge de la cervecería Polar antes de su caída
La factoría surgió por iniciativa del empresario Jesús Rodríguez Bautista y fue impulsada por la Compañía Cervecera Internacional S.A. Su ubicación no fue casual. Se instaló en un entorno altamente industrializado, cerca del río Almendares, en una zona estratégica para el desarrollo fabril de la capital.
La inversión de capitales nacionales y extranjeros permitió su rápida consolidación en el mercado, en un momento en que la economía cubana favorecía la expansión de grandes proyectos productivos.
La empresa alcanzó un notable crecimiento y llegó a emplear a más de 500 trabajadores. En ese proceso fueron decisivos los empresarios catalanes Emeterio Zorrilla y Antonio Giraudier, figuras clave en la expansión de la compañía.
Bajo su empuje no solo ganó presencia la cerveza Polar, sino también la malta Trimalta, otro producto que logró amplia aceptación entre los consumidores cubanos de la época.
Aunque su producción llevaba años en marcha, la marca Polar fue registrada oficialmente el 21 de agosto de 1916. Para entonces ya gozaba de reconocimiento y figuraba entre las cervezas más consumidas del país.
Su estructura directiva reunió a nombres influyentes del panorama empresarial de entonces, como Manuel Otaduy, José Marimón, Nicolás Sierra y Frank Steinhart, lo que refleja el peso económico que llegó a tener la compañía en la vida nacional.
A su alrededor se desarrolló un proyecto social y cultural conocido como los Jardines de la Polar, concebido como espacio de ocio y encuentro para distintos sectores de la población.
A orillas del Almendares se levantaron salones y áreas inspiradas en corrientes modernistas, entre ellas Trimalta, Criollo, Romano y Las Pérgolas. Según carteles de la época, el lugar contaba además con una glorieta de estilo renacentista español, patio andaluz, puente de piedra, glorieta oriental y el salón Cúpula.
Uno de sus elementos más singulares era un espacio de estilo chino destinado a la veneración de ancestros, donde existía una figura de Buda cuyo paradero sigue siendo desconocido.
Ese detalle resume también el alcance estético y cultural que tuvo el complejo antes de su desplome material. Lo que fue pensado como un entorno atractivo y diverso para el esparcimiento popular terminó absorbido por décadas de desatención estatal.
Este sólido desarrollo en torno a un producto altamente demandado se fue en picada ante la implementación de dicha política comunista que década tras década hundió a la Isla en una crisis económica y expansión de la pobreza.
Ni sé si esté relacionada pero Venezuela tiene una cerveza llamada Polar con la misma imagen del oso. También tiene una malta llamada Maltín pero que produce la marca Polar y que es muy similar en sabor a la rica malta Bucanero. Ambas he tenido la oportunidad de probarlas en Montevideo