
El gobierno cubano tendría la necesidad de garantizar dos frentes antes de anunciar la muerte de Raúl Castro, según un análisis compartido por el historiador Juan Antonio Blanco al Diario de Las Américas.
La semana pasada se vivió con incertidumbre tras los reportes extraoficiales sobre el supuesto fallecimiento del general o su deteriorado estado de salud. Al final, Castro apareció en la televisión oficial de la Isla asistiendo a un evento público del régimen.
Mientras en diferentes medios de comunicación se hablaba de un posible fallecimiento o un accidente cerebrovascular, esto último reportado primero por el Diario de Las Américas, el régimen mantuvo un silencio que aumentaba las dudas.
Inclusive se llegó a mencionar la posibilidad de que Castro estuviera ingresado en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ), cuyas inmediaciones registraron un inusual despliegue militar y policial durante los días de los rumores sobre el exmandatario.
Si en lugar de esa aparición pública, en la que no se descarta el uso de un doble, el régimen finalmente hubiera confirmado el deceso, esos días de silencio habrían sido ocupados para garantizar los dos frentes útiles para sistemas autoritarios cuando pierden a su principal líder.
Blanco explicó que ese tipo de anuncios suele realizarse únicamente cuando la estructura gobernante considera que existen condiciones para controlar sus consecuencias.
Control de calles y prevención de protestas dentro de Cuba
En el plano interno, el régimen tendría que anticipar posibles reacciones populares, especialmente de sectores opositores y activistas que podrían intentar salir a las calles para celebrar la desaparición de una de las principales figuras del castrismo.
Blanco señaló que las autoridades cubanas necesitarían colocar sus dispositivos de seguridad, evaluar posibles manifestaciones y garantizar la capacidad de respuesta de organismos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT).
“Nosotros siempre nos enteramos cuando muere un dictador, en el momento que ellos deciden anunciarlo”, afirmó Blanco, quien mencionó como antecedente el manejo de la información tras la muerte del gobernante venezolano Hugo Chávez.
Por ello, indicó que periodistas y analistas deben observar señales indirectas dentro de la estructura estatal, como restricciones de pases para militares, concentraciones inusuales de tropas, movimientos nocturnos en instalaciones oficiales o activación de grupos de respuesta rápida.
La reacción internacional y el entorno del poder
Paralelamente, la administración de Miguel Díaz-Canel evaluaría las repercusiones internacionales que tendría la noticia. En este sentido, se desarrollarían llamadas a países aliados para adelantar la noticia y saber cómo serían ahora sus respectivas posturas hacia la Isla sin la presencia del general.
Aunque ya no ocupa formalmente la presidencia ni la dirección del Partido Comunista, Blanco considera que el general continúa siendo la figura con mayor autoridad dentro del sistema.
A juicio del analista, Díaz-Canel no tendría la misma capacidad de control sobre una élite política y militar acostumbrada a responder directamente ante el hermano de Fidel Castro.
Blanco considera que una eventual desaparición del general podría abrir un período de tensiones internas entre distintos grupos de poder: la dirigencia encabezada por Díaz-Canel, los intereses de la familia Castro y los sectores militares.