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Los insólitos artículos de un vendedor ambulante en La Habana

Buena parte de los productos revendidos llega desde el exterior, enviados por familiares, traídos por viajeros o adquiridos en circuitos informales
Los insólitos artículos de un vendedor ambulante en La Habana
La venta llamó la atención por la naturalidad con la que se vende un objeto sexual. (Foto © Rick Estrada – Facebook)

Una imagen captada en La Habana expone la precariedad del comercio informal en Cuba, donde un vendedor ambulante ofrece en plena acera objetos usados, artículos domésticos y hasta un producto sexual, en medio de una crisis económica que obliga a muchos ciudadanos a vender cualquier mercancía disponible para conseguir efectivo.

En la fotografía publicada por Rick Estrada en Facebook se observa una venta improvisada sobre una tela colocada directamente en el piso. No hay mostrador, estructura comercial ni condiciones mínimas de exhibición. La escena muestra una economía callejera marcada por la urgencia y la falta de alternativas.

Entre los objetos visibles aparecen una cafetera metálica tipo greca, una botella de agua, un termo o recipiente plástico, pequeños frascos, un encendedor, posibles artículos de aseo personal, accesorios menores y una mochila junto al vendedor. También resalta un artículo sexual de forma fálica, colocado de manera visible entre la mercancía.

La imagen ha llamado la atención porque resume una realidad cada vez más común en la isla: cualquier objeto con algún valor de uso puede convertirse en mercancía. Lo que antes se guardaba, se reparaba o se desechaba, ahora puede representar una comida, un pasaje o parte del dinero necesario para enfrentar el día.

Salarios bajos, inflación y mercado informal

La expansión de este tipo de ventas se explica por el deterioro sostenido del poder adquisitivo. En 2024, el salario medio estatal fue de 5.839 pesos cubanos, según datos de la ONEI citados por EFE. Esa cifra resulta insuficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia en un país donde los precios se han disparado.

En 2025, la inflación formal cerró en 14.07%, pero economistas independientes estimaron que la inflación real, al incluir el mercado informal, rondó el 70%. La devaluación del peso agravó aún más el escenario.

Por eso, muchos vendedores ambulantes no son comerciantes tradicionales. Son jubilados, amas de casa, trabajadores estatales o desempleados que venden lo que consiguen.

En Holguín, testimonios recogidos por medios independientes resumieron la situación con una frase contundente: “Si no vendemos, no comemos”.

Cuba depende cada vez más de productos traídos del exterior

Otro rasgo de esta economía callejera es el origen de muchos artículos. Buena parte de los productos revendidos llega desde el exterior, enviados por familiares, traídos por viajeros o adquiridos en circuitos informales vinculados a la importación. La producción nacional no alcanza y la industria estatal permanece deprimida.

La escena se repite en zonas transitadas de La Habana como Galeano, Reina, Ejido, Monte y Águila, donde abundan puestos con objetos usados, piezas sueltas y mercancías de procedencia diversa. La calle funciona como escaparate de la precariedad y de la pérdida de capacidad productiva del país.

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