
El actor cubano Luis Rielo, conocido por sus papeles antagónicos en las Aventuras televisivas de la Isla, expresó recientemente su inconformidad con la proyección de los actores jóvenes en Cuba.
A sus 88 años, y aún activo en el entorno habanero, el veterano artista compartió sus opiniones durante una intervención en la radio, en la que cuestionó la calidad interpretativa de las nuevas generaciones y manifestó su pesar por el deterioro de los espacios dramáticos en la televisión nacional.
Rielo, con una trayectoria iniciada en 1954 como extra en los antiguos estudios de Radiocentro, no ocultó su desconcierto ante las producciones actuales. “Vi un capítulo de Tras la Huella y le dije a mi esposa Ena: no entendí nada, ni quién mató ni quién robó”, confesó. La afirmación, cargada de ironía, refleja su preocupación por la pérdida de claridad en la dicción y la falta de autenticidad en la interpretación.
El actor subrayó la importancia que daba al ensayo y al estudio del texto durante su carrera. “Llegaba con la letra aprendida. Mientras otros leían, yo actuaba”, rememoró. Considera que hoy escasea la disciplina en los procesos creativos y criticó la premura con que algunos intérpretes aspiran a roles principales sin haber pasado por papeles menores. Asegura que antes los directores insistían en formar a sus elencos desde lo más básico, algo que —a su juicio— ya no ocurre.
Su rostro se volvió habitual para generaciones de cubanos gracias a personajes como Marcus en Carlos Valiente y Malpica en El Zorro. Este último lo marcó tanto que durante años fue conocido por ese nombre. En total, ha encarnado más de mil figuras negativas en series como El Halcón Negro, La Capitana del Caribe o Los Konsomoles. Pese a su imagen de villano en pantalla, su crítica actual no busca protagonismo, sino una reflexión sobre la pérdida de rigor en el arte dramático televisivo.
Más allá de la actuación, Rielo lamenta la desaparición de los espacios de aventuras, género que marcó una época en la programación cubana. Según él, con su eliminación a inicios de los años 2000 se extinguió también una parte vital del alma de la televisión. “Ya no hacen nada que valga la pena”, afirmó.
Aunque reconoce que las oportunidades se han reducido para figuras veteranas como él, insiste en que siempre hará falta alguien de edad en las historias. “Pero ya ni para eso escriben”, dijo con melancolía. Mantiene viva la memoria de su trayectoria en su libro Aquel niño que nunca fui.
Las declaraciones de Rielo surgen poco después de que el también actor Roque Moreno anunciara su retiro de las telenovelas. En conversación con la periodista Ivón Peñalver, denunció las malas condiciones durante el rodaje de Sábados de gloria, que se prolongó casi un año. Criticó el doble rasero del público y reveló su frustración con la falta de planificación y los conflictos éticos en la industria.
Ambas voces, con décadas de experiencia, apuntan a un malestar generalizado entre los actores veteranos, quienes observan con desilusión cómo el medio en que crecieron se transforma sin rumbo ni memoria.