
El 18 de mayo de 2018, un Boeing 737 de Cubana de Aviación se precipitó a tierra segundos después de despegar del aeropuerto José Martí de La Habana con destino a Holguín. Fallecieron 112 personas, entre ellos, el esposo de Mailén Díaz Almaguer, una joven de apenas 19 años que, contra todo pronóstico, sobrevivió.
Lo que siguió fue una batalla que parece sacada de las páginas de una novela, pero que es absolutamente real: semanas en estado crítico, lesiones severas en la columna vertebral, quemaduras graves y la posterior amputación de su pierna izquierda.
La comunidad médica habló de milagro. El mundo la bautizó como la guerrera cubana. Y Mailén, sencillamente, decidió seguir.
Mailen vuelve a ponerse de pie: literal y espiritualmente
Después de un periodo de silencio en redes sociales, Mailén reapareció en su perfil público de Facebook con una publicación que no tardó en viralizarse. La imagen: una selfie desde el gimnasio de rehabilitación. El mensaje: una reflexión profunda surgida de un momento aparentemente cotidiano.
Tras casi un año de pausa, volvió a utilizar el bipedestador, un dispositivo que permite a pacientes con lesiones neurológicas o musculares mantenerse en posición vertical. Lo que antes hacía con facilidad durante horas, ahora le costó apenas una hora entre el dolor. Y en ese dolor encontró sabiduría.
“Cuando dejamos de hacer algo por un tiempo, retomarlo cuesta. Es como empezar de nuevo”, escribió.
La corrección duele, pero es necesaria
Uno de los fragmentos más impactantes de su publicación aborda la postura. Para mantenerse erguida correctamente sobre el bipedestador, Mailen debía corregirse de forma constante, y cada corrección le generaba dolor. Sin embargo, no corregirse habría traído consecuencias peores.
“La corrección duele, pero es necesaria. No solo en lo físico, sino en todas las áreas de la vida”, reflexionó. Una lección que resuena especialmente en la audiencia cubana, una comunidad acostumbrada a la resistencia, al sacrificio y a la búsqueda de sentido en medio de la adversidad.
Con el tiempo, Mailen ha trascendido el relato de la supervivencia para convertirse en una figura incómoda para las autoridades cubanas. Ha denunciado públicamente las precarias condiciones del sistema de salud en la isla, la falta de insumos básicos para su rehabilitación y los obstáculos que enfrentan a diario las personas con discapacidades graves en Cuba.
Su valentía no es solo física: es también civil. En un contexto donde el silencio suele ser la opción más segura, Mailen elige hablar. Y esa decisión de hablar, de seguir, de ponerse de pie una y otra vez, es quizás su mayor acto de resistencia.
Una decisión: seguir
Su publicación cierra con una frase que lo resume todo: ante la corrección, el dolor y la incomodidad, “solo queda una decisión: seguir”. Son palabras que bien podrían aplicarse a la realidad de millones de cubanos dentro y fuera de la isla, a quienes enfrentan adversidades extremas, a quienes han perdido y aún así eligen continuar.
Mailén Díaz Almaguer no es solo la única sobreviviente del accidente aéreo más trágico de Cuba en décadas. Es el recordatorio viviente de que el cuerpo humano, al igual que el espíritu, puede romperse y rehacerse. Que volver duele, sí, pero vale la pena intentarlo.