
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, volvió a pronunciarse sobre el futuro político de Cuba, pero esta vez una pregunta directa sobre su reciente llamado a colaborar con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) provocó una respuesta que dejó importantes interrogantes.
El intercambio ocurrió el lunes 26 de octubre, durante una teleconferencia con periodistas centrada principalmente en la situación de Venezuela. Sin embargo, antes de concluir la conversación, una reportera quiso saber qué pretendía Washington con su controvertida invitación a los cubanos.
Rubio había defendido públicamente la necesidad de impulsar cambios políticos en la Isla. Lo que todavía no había explicado era por qué había elegido promover una colaboración con los servicios de inteligencia estadounidenses en lugar de mencionar otras alternativas. Cuando tuvo la oportunidad de aclararlo, su respuesta fue breve.
Esto respondió Marco Rubio cuando le preguntaron por la CIA
La pregunta llegó de Olivia Gazis, periodista de CBS News, quien aprovechó su intervención para abordar dos asuntos: las negociaciones políticas en Venezuela y la estrategia de Estados Unidos hacia Cuba.
En la parte dedicada a la Isla, Gazis preguntó por qué el secretario de Estado estaba animando a los cubanos a trabajar con la CIA en vez de organizarse pacíficamente. También quiso conocer qué esperaba concretamente que hicieran quienes respondieran a esa convocatoria.
Rubio reconoció que no respondería esa parte de la pregunta. Según la transcripción del Departamento de Estado difundida por Forth, el funcionario contestó: “No voy a responder la segunda pregunta, lamentablemente”.
Acto seguido, añadió que no podía responder más allá de señalar que Estados Unidos considera necesario un cambio muy drástico en Cuba.
Rubio también introdujo una distinción: describió la situación cubana como un caso completamente diferente al de Venezuela y aseguró que ambos escenarios presentan características distintas. No explicó cuáles eran esas diferencias ni qué implicaciones tendrían para la política estadounidense.
La respuesta resulta especialmente significativa porque llegó apenas tres días después de que el propio secretario de Estado invitara públicamente a los cubanos interesados en promover transformaciones políticas a establecer contactos discretos con la CIA.
¿Por qué Rubio considera que Cuba es diferente de Venezuela?
El contraste entre ambos países adquiere relevancia por las explicaciones que Rubio ofreció durante la misma teleconferencia sobre la estrategia de Washington hacia Caracas.
En el caso venezolano, el funcionario describió un proceso de transición política sustentado en conversaciones con las autoridades interinas, compromisos institucionales y mecanismos de presión económica.
Según sus declaraciones, Washington busca modificaciones en el sistema judicial y electoral venezolano que permitan celebrar elecciones consideradas legítimas. Rubio también defendió el uso de sanciones y autorizaciones económicas como herramientas para conseguir que las autoridades cumplan los acuerdos.
El secretario de Estado sostuvo que una transición negociada permitiría evitar nuevos enfrentamientos y facilitar una transformación institucional. Estas afirmaciones forman parte de la posición de la administración estadounidense sobre Venezuela.
Sin embargo, cuando tuvo que referirse a Cuba, Rubio no presentó una hoja de ruta equivalente. Tampoco identificó posibles interlocutores dentro del gobierno cubano ni precisó si Washington contempla una transición negociada, nuevas medidas de presión u otras iniciativas.
La diferencia entre ambas respuestas deja una incógnita: si Estados Unidos está dispuesto a explicar públicamente determinados aspectos de su estrategia venezolana, ¿por qué evita ofrecer precisiones similares sobre Cuba?
Por ahora, las declaraciones del lunes no permiten responder esa pregunta. Tampoco constituyen, por sí mismas, el anuncio de una operación de inteligencia, una intervención militar o una decisión diplomática adicional contra La Habana.
El llamado a colaborar con la CIA y las preguntas que siguen abiertas
La controversia comenzó el viernes 23 de octubre, cuando Rubio publicó un mensaje en X dirigido a quienes desean impulsar cambios políticos en Cuba.
El secretario de Estado sostuvo que había llegado el momento de actuar frente a las promesas incumplidas, la corrupción y los privilegios de una minoría gobernante. Como parte de esa convocatoria, propuso una asociación discreta con la inteligencia estadounidense, según el mensaje publicado por Rubio el 23 de octubre.
Posteriormente, la CIA divulgó una guía en español destinada a posibles colaboradores cubanos, con información sobre las vías de contacto y recomendaciones relacionadas con la protección de las comunicaciones.
La invitación también plantea consecuencias jurídicas para quienes se encuentren dentro de Cuba. El Código Penal contempla sanciones graves para determinadas actividades relacionadas con servicios de inteligencia extranjeros, aunque una comunicación con la CIA no constituye automáticamente un delito de espionaje.
Un análisis sobre las consecuencias legales de colaborar con la CIA desde Cuba examinó las disposiciones aplicables y sus límites.
La secuencia de pronunciamientos estadounidenses también incluyó un llamado del jefe del Comando Sur a impulsar cambios en la Isla y una reunión entre el diplomático Mike Hammer y el general Frank Donovan, anunciada el mismo lunes.
Ninguno de esos acontecimientos demuestra por sí solo que exista una operación específica contra el gobierno cubano. Sin embargo, evidencian la coincidencia de mensajes procedentes de diferentes instituciones estadounidenses.
En ese contexto, la respuesta de Rubio añade un elemento nuevo: el funcionario mantiene públicamente su posición favorable a una transformación profunda en Cuba, pero evita explicar el propósito concreto de su convocatoria a colaborar con la CIA.
La pregunta que quedó sin contestar no fue si Washington desea cambios políticos en la Isla, algo que Rubio ha reiterado. La incógnita es qué papel pretende asignar la administración estadounidense a quienes respondan al llamado de su principal responsable diplomático y cómo encajaría esa colaboración en su estrategia hacia Cuba.
