
María Victoria (Vicky) Gil Fernández, hermana del exministro de Economía Alejandro Gil, ha compartido por primera vez detalles sobre su breve pero reveladora experiencia como agente de la seguridad del Estado cubana.
Bajo el seudónimo de agente “Loipa”, María Victoria desempeñó un papel clave en la supervisión del tráfico de obras de arte en Cuba, un tema que, según su testimonio, refleja la compleja relación entre el gobierno cubano y las redes ilícitas dentro de la isla.
Vicky fue reclutada para trabajar con la seguridad del Estado durante su tiempo como conductora del programa de la televisión oficialista De La Gran Escena, aunque su testimonio deja claro que no fue un proceso voluntario.
Durante una conversación con el periodista Mario J. Pentón para hablar sobre el juicio por espionaje de su hermano e incriminar al primer ministro Manuel Marrero Cruz, explicó que, en un principio, se sintió incómoda con las prácticas del sistema, pero fue asignada a la vigilancia de obras de arte dentro de la Isla.
La situación, lejos de ser un simple trabajo administrativo, la llevó a tener acceso directo a varios de los procedimientos secretos de las autoridades, incluidas las reuniones clandestinas en “casas” habilitadas por el Ministerio del Interior para llevar a cabo operaciones de inteligencia.
Según relató María Victoria, estas casas eran instalaciones dentro de Cuba utilizadas por la seguridad del Estado para coordinar sus acciones secretas. Aunque el conocimiento de estos espacios fue limitado, la hermana del exministro pudo constatar cómo funcionaban las investigaciones y cómo se manipulaban los casos, muchas veces con información encriptada para proteger a los involucrados.
El tráfico ilegal de obras de arte en Cuba ha sido una problemática persistente desde que los comunistas asaltaron el poder 1959. En los años 90, se comenzaron a registrar casos de contrabando de arte, fenómeno paralelo a la apertura económica y el auge del turismo, lo que facilitó la salida de piezas culturales fuera del país.
Uno de los casos más sonados fue el descubrimiento de un extranjero con cientos de obras de arte cubanas, algunas de ellas robadas del Museo Nacional de Artes Decorativas. En 2014, se produjo el robo de importantes pinturas del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, muchas de ellas aparecieron en el mercado de arte de Miami. Esta actividad ilícita ha sido facilitada por la falta de control efectivo, la demanda internacional de arte cubano y las complicidades internas.
Para sacar legalmente una obra de arte de Cuba, el gobierno exige certificados que acrediten que no tiene relevancia patrimonial. No obstante, la ilegalidad persiste, lo que pone en riesgo el patrimonio cultural de la Isla. Desde la década de 1990, varios funcionarios y responsables dentro de instituciones culturales cubanas han sido señalados por su participación en este tráfico ilegal, reflejando la tensión entre la necesidad de preservar el patrimonio cultural y las presiones económicas internas y externas.
La seguridad del Estado cubana ha utilizado una amplia gama de métodos para reclutar a sus agentes. Desde el servicio militar obligatorio hasta la presión política e ideológica, los reclutadores buscan individuos con vulnerabilidades o aquellos que puedan ser fácilmente cooptados para colaborar en tareas de vigilancia y represión.
A menudo, el reclutamiento no se basa en solicitudes de empleo formales, sino en un sistema de identificación y manipulación ideológica que promueve la colaboración como un acto de “deber revolucionario”.
Además de los métodos tradicionales de reclutamiento, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) han jugado un papel crucial en la identificación de disidentes y colaboradores potenciales. Estos comités, que actúan como una red de control social, han sido utilizados para facilitar el reclutamiento a nivel comunitario, ayudando a la seguridad del Estado a monitorizar y controlar la oposición política dentro de la isla.
Con la promulgación de la Ley 940 en 1961, se creó el Departamento de seguridad del Estado, que ha sido fundamental en la represión de la oposición y la protección del régimen cubano. A lo largo de las décadas, este departamento ha sido responsable de operaciones de inteligencia, contrainteligencia y seguridad personal.
Fíjate si fue obligada que tuvo hasta grados militares.