
El congresista cubanoestadounidense Mario Díaz-Balart afirmó que la decisión de emplear o no las Fuerzas Armadas de Estados Unidos contra el régimen de La Habana corresponde exclusivamente al presidente Donald Trump, pero sostuvo que la eliminación de esa dictadura es esencial para la seguridad nacional estadounidense y para el futuro del pueblo cubano.
La declaración se produjo al ser consultado sobre si respaldaría una eventual acción militar para sacar del poder al régimen cubano, incluso ante el riesgo de víctimas civiles. En su respuesta, Díaz-Balart evitó asumir de forma directa esa facultad, pero remarcó que ni el secretario de Estado ni el Congreso tienen la potestad de ordenar una operación de ese tipo.
Según dijo, esa atribución recae únicamente en el presidente. En ese contexto, recordó que Trump ha insistido públicamente en que “los días de la dictadura en Cuba están contados” y en que ese sistema debe ser derribado.
Díaz-Balart afirmó que, si él fuera parte de la cúpula gobernante cubana, estaría buscando “un lugar cómodo para exiliarse”. Con esa frase, elevó el tono de sus declaraciones y reforzó la idea de que, bajo la actual administración, la presión contra el régimen cubano se mantendrá.
Aunque no emitió un respaldo explícito a una intervención militar, sí dejó clara su posición sobre el objetivo político. “La eliminación de esa dictadura es esencial para la seguridad nacional de los EEUU”, señaló, al insistir en que la permanencia del régimen representa una amenaza estratégica para Washington.
Para el congresista, la caída del sistema cubano no solo tendría un efecto en la seguridad de EEUU. También abriría, a su juicio, una posibilidad de cambio profundo para los ciudadanos de la isla, sometidos desde hace décadas a represión política, crisis económica y deterioro social.
En la entrevista, el legislador también fue interrogado sobre el posible costo humano de una acción de fuerza. Ante esa posibilidad, respondió que siempre se debe intentar evitar la muerte de civiles, aunque atribuyó la responsabilidad principal de esas muertes a los regímenes autoritarios del hemisferio.
Díaz-Balart sostuvo que los “únicos causantes” de la muerte de civiles en la región han sido “estos dictadores que odian a su pueblo” y que han asesinado a sus propios ciudadanos. Con esa afirmación, trasladó la carga moral de cualquier desenlace violento a las autoridades cubanas.
El congresista ha sido una de las voces más firmes en Washington a favor de aumentar la presión política sobre La Habana. Su discurso se enmarca en una línea que presenta al régimen cubano no solo como un problema interno de la isla, sino como un factor de desestabilización regional.
En ese sentido, sus palabras refuerzan la tesis de que el futuro de Cuba está cada vez más vinculado a la política exterior de EEUU, en especial bajo una administración que ha endurecido su retórica y sus medidas contra gobiernos adversarios en América Latina.
La intervención de Díaz-Balart también refleja la expectativa de sectores del exilio cubano que consideran que el actual contexto internacional podría acelerar un desenlace político en la isla. Para esos grupos, la supervivencia del castrismo depende cada vez más de factores externos y de la capacidad represiva del aparato estatal.
Más allá de la posibilidad militar, el mensaje del congresista fue claro: el régimen cubano, en su visión, no tiene futuro bajo el actual escenario político en Washington. Y cualquier decisión sobre cómo precipitar su final, dejó en claro, dependerá de Trump.
Con esas declaraciones, Díaz-Balart volvió a colocar a Cuba en el centro del debate sobre seguridad hemisférica. Lo hizo con una advertencia directa a La Habana y con una señal política inequívoca: en la actual coyuntura, la discusión en Washington ya no se limita a las sanciones, sino al desenlace mismo del régimen.