
El Gobierno cubano asegura que 158 de las 176 transformaciones económicas aprobadas en junio ya están en marcha, pero los resultados que enfrenta la población muestran otra realidad.
Mientras Manuel Marrero Cruz promete más autonomía, producción y eficiencia para las empresas estatales, los apagones, las fallas de internet, la crisis del transporte y el encarecimiento de los alimentos continúan formando parte de la vida diaria en la Isla.
El primer ministro cerró este domingo un entrenamiento para presidentes de grupos empresariales y juntas de gobierno en la Escuela Superior de Cuadros del Estado y del Gobierno. Allí defendió las reformas como una forma de actualizar el sistema empresarial sin abandonar el socialismo.
Según informó la estatal Agencia Cubana de Noticias, 158 de las 176 medidas ya comenzaron a aplicarse, respaldadas por 197 normas jurídicas. Entre ellas figuran mayor autonomía empresarial, posibilidades de liquidación de entidades, transformación de empresas estatales en sociedades mercantiles y apertura de determinadas actividades al sector privado.
El problema es que muchas de las empresas estatales que deberían garantizar servicios esenciales continúan mostrando graves limitaciones. El caso más visible es la Unión Eléctrica (UNE).
En septiembre, Cuba sufrió otro colapso nacional del sistema eléctrico, el sexto de 2026, en medio de una infraestructura envejecida, averías y falta de combustible.
La situación se extiende a las telecomunicaciones. ETECSA reconoció en junio que sus instalaciones no pueden mantener durante más de 24 horas sus servicios cuando falla el suministro eléctrico.
En septiembre, además, la Isla de la Juventud permaneció durante varios días con graves restricciones de telefonía e internet después de daños en sus enlaces de comunicación.
El transporte estatal tampoco escapa a la crisis. La Empresa Viajero tuvo que reducir capacidades de ómnibus y trenes debido a la falta de combustible, mientras el servicio interprovincial acumula problemas de frecuencias, reservas y disponibilidad.
En los alimentos, la dificultad ya no es solamente conseguir determinados productos, sino poder pagarlos. Periódico Cubano reportó recientemente que una compra de arroz, frijoles, café, azúcar, ajo y cebolla podía consumir el 98,6% de un ingreso mensual de 5.000 pesos. El salario mínimo estatal quedó fijado en 3.210 CUP desde julio.
El propio paquete de reformas reconoce, de hecho, que el modelo necesita modificaciones. En junio, Periódico Cubano señaló que las nuevas medidas otorgaban facultades adicionales a empresas estatales y actores privados después de décadas de fuerte centralización económica.
Ese es precisamente uno de los principales contrastes de la actual etapa: el Estado continúa siendo el actor principal en sectores decisivos, pero numerosas entidades bajo su control presentan problemas simultáneos en electricidad, comunicaciones, transporte, alimentos y otros servicios básicos.
Marrero aseguró que las transformaciones permitirán aumentar la oferta y contener la inflación. Sin embargo, el propio primer ministro admitió que todavía falta lo más importante: que la población pueda comprobar esos resultados.
Por ahora, la reforma avanza sobre el papel mientras las deficiencias de las empresas estatales siguen siendo parte visible de la crisis cubana.