
Dick Cheney, el 46º vicepresidente de Estados Unidos y una de las figuras más influyentes y controvertidas de la política estadounidense, falleció a los 84 años debido a complicaciones derivadas de neumonía y problemas cardiovasculares. La noticia fue confirmada por su familia el martes. Cheney murió acompañado de su esposa, Lynne, y sus hijas, Liz y Mary.
Cheney, quien ocupó la vicepresidencia entre 2001 y 2009 durante la presidencia de George W. Bush, es recordado principalmente por su rol en la “guerra contra el terrorismo”. Fue un defensor ferviente de la invasión de Irak en 2003, una decisión que, según sus críticos, se basó en evaluaciones erróneas sobre las armas de destrucción masiva en ese país.
Su apoyo a la expansión de las prerrogativas presidenciales y la defensa de técnicas de interrogatorio, consideradas torturas por muchos, le valieron tanto elogios como severas críticas.
La carrera de Cheney abarcó más de cuatro décadas en el servicio público. Antes de ser vicepresidente, fue congresista por Wyoming, jefe de gabinete de la Casa Blanca bajo Gerald Ford y secretario de Defensa durante la presidencia de George H. W. Bush, donde lideró la exitosa Operación Tormenta del Desierto en 1991. Además, presidió la compañía energética Halliburton, lo que generó controversias debido a la percepción de posibles conflictos de interés durante la invasión de Irak.
Statement by President George W. Bush on Vice President Dick Cheney:
The death of Richard B. Cheney is a loss to the nation and a sorrow to his friends. Laura and I will remember Dick Cheney for the decent, honorable man that he was. History will remember him as among the finest… pic.twitter.com/fmx7hI4eFD
— George W. Bush Presidential Center (@TheBushCenter) November 4, 2025
Su figura continúa siendo polarizante. Para muchos, Cheney es visto como el arquitecto de una estrategia antiterrorista que priorizó la seguridad nacional y la disuasión frente a un mundo cada vez más inestable.
Sin embargo, otros lo consideran responsable de los excesos del poder ejecutivo, la falta de transparencia en la toma de decisiones y los costos humanos y geopolíticos derivados de la guerra en Irak, un conflicto cuya legitimidad sigue siendo objeto de debate.
A lo largo de su vida, Cheney representó una postura conservadora y militarista dentro del Partido Republicano. Sin embargo, en sus últimos años, se distanció del rumbo del partido, especialmente en relación con el presidente Donald Trump. Cheney fue un crítico feroz de Trump, a quien calificó como la “mayor amenaza” para la república.
Incluso cruzó líneas partidistas al declarar su apoyo a la demócrata Kamala Harris en las elecciones presidenciales de 2020. Su hija, Liz Cheney, también se ha destacado como una figura republicana que confrontó abiertamente a Trump, lo que profundizó la brecha entre la facción conservadora tradicional y el ala populista del partido.
El presidente George W. Bush expresó su pesar por la muerte de Cheney, recordándolo como un “hombre decente y honorable” que sirvió con integridad y dedicación. Según Bush, Cheney fue una presencia serena y confiable en momentos de crisis, aportando gran inteligencia y propósito a cada cargo que desempeñó. Además, destacó que Cheney fue fundamental durante los ocho años de su administración, y que su fallecimiento es una “gran pérdida para la nación”.
Cheney padeció problemas cardíacos durante gran parte de su vida. A los 37 años, sufrió su primer infarto y, a lo largo de los años, enfrentó varios problemas de salud. En 2012, se sometió a un trasplante de corazón, lo que consideró una segunda oportunidad de vida. A pesar de sus problemas de salud, Cheney continuó siendo una figura activa en la política y la opinión pública hasta el final de su vida.