
Omar Lucero Hernández, destacado árbitro de béisbol y posiblemente el más carismático que ha pasado por las Series Nacionales, falleció este viernes a los 77 años en su ciudad natal, Santiago de Cuba, luego de una larga batalla con problemas de salud.
De acuerdo con el periodista Yasel Porto, el hombre, que por más de 30 años impartió justicia en los terrenos de pelota al más alto nivel en Cuba, siempre será recordado por su profesionalismo.
Lucero comenzó su carrera en su pueblo natal, en el municipio Mella, donde desarrolló su pasión por el béisbol. A los 11 años, fue invitado por un árbitro local a participar en un partido, un momento que marcó el inicio de su carrera.
Desde entonces, su habilidad y dedicación lo llevaron a ascender en las categorías provinciales hasta llegar a La Habana, donde completó varios cursos de arbitraje. Fue bajo la tutela del influyente Alfredo Paz que Lucero perfeccionó su estilo único y se consolidó como uno de los mejores árbitros de Cuba.
En una entrevista para la prensa local en 2020 señaló que también fueron referentes en su accionar umpires como César Valdés, Mario Cosío y Nelson Díaz. “También recuerdo al hermano Melchor Fonseca que por muchos años conformamos junto a otros un equipo como una familia”, explicó.
A lo largo de su carrera, participó en eventos internacionales, incluidos los Juegos Olímpicos, y fue reconocido en varias ocasiones como el mejor árbitro. Su reputación como imparcial y su habilidad para mantener la concentración en los momentos más tensos lo convirtieron en una leyenda. Su estilo distintivo de “cantar” las bolas con su mano izquierda se destacó y lo hizo aún más reconocido dentro y fuera de Cuba.
Sobre su desempeño en juegos complicados y de play off argumentó que “en el terreno solo se escucha un zumbido que de alguna manera te aísla de los gritos de los árbitros de gradas que, en ocasiones por su ángulo de visión, creen que son ellos los que tiene la verdad de un conteo”.
“Yo me mantenía concentrado todo el tiempo, atento a cada detalle del juego, además, incorporé, propio de mi personalidad, decirles cosas jocosas a los jugadores que los relajaban en algún momento tenso y así, en par de entradas, ya era dueño del partido”, sentenció.
Desde hace años se retiró del arbitraje por problemas de salud, pero continuó vinculado al béisbol como chequeador en el estadio Guillermón Moncada de Santiago de Cuba. La comunidad beisbolera, tanto en Cuba como en el extranjero, ha expresado su respeto y condolencias tras su deceso, un legado que perdurará en el arbitraje cubano.