
Las autoridades cubanas informaron este día la muerte de Ramiro Valdés Menéndez, de 94 años, comandante de la revolución, exministro del Interior y uno de los represores históricos del castrismo. El régimen no ofreció detalles sobre las causas del fallecimiento.
A principios de este año, una fuente del periodista Javier Díaz de Univisión informó que Valdés Menéndez estaba deteriorado de salud. Al tener una recaída en su hogar, el represor habría sido ingresado de emergencia a un hospital. La versión coincidió con la ausencia del dirigente en actos recientes de alto perfil.
Al informar sobre su muerte, el presidente designado de la Isla, Miguel Díaz-Canel, comentó en redes sociales: “La partida física del Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez, duele profundamente, como la de un padre. Así lo quise y respeté siempre”.
En este sentido, agregó: “Cada acto de la vida del Comandante Ramiro estuvo signado por su fidelidad absoluta al liderazgo de Fidel y Raúl, a sus compañeros de lucha y al Programa del Moncada, cuya esencia justiciera defendió, desde el asalto a la fortaleza de la dictadura en 1953 hasta el último aliento de su ejemplar vida este Día de los Padres que se nubla con el dolor de su partida”.
Valdés Menéndez, nacido el 28 de abril de 1932 en Artemisa, fue presentado durante décadas por la propaganda oficial como “Héroe de la República de Cuba” y figura clave del proceso revolucionario iniciado por Fidel Castro.
La biografía oficial del Parlamento cubano lo identifica como participante en el asalto al Cuartel Moncada, expedicionario del yate Granma y miembro del Ejército Rebelde. También lo reconoce como fundador del Comité Central del Partido Comunista y de su Buró Político.
Sin embargo, fuera del relato oficial, su nombre quedó asociado a la creación y consolidación de los órganos represivos del Estado cubano. Valdés fue ministro del Interior en dos etapas, primero entre 1961 y 1968 y luego entre 1979 y 1985, una institución clave en el sistema de vigilancia, persecución y control político impuesto por la dictadura comunista.
Su paso por el Ministerio del Interior lo convirtió en uno de los funcionarios más temidos del aparato castrista. Opositores, exiliados y organizaciones de derechos humanos lo han señalado durante años como uno de los responsables históricos de la represión contra disidentes, presos políticos, religiosos, intelectuales críticos y ciudadanos vigilados por motivos ideológicos.
Valdés también ocupó cargos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en estructuras civiles del gobierno. Fue viceministro primero de las FAR, ministro de la Informática y las Comunicaciones, vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y desde diciembre de 2019 se desempeñaba como vice primer ministro de la República de Cuba.
El dirigente perteneció al núcleo más duro del poder cubano. Su trayectoria estuvo ligada a Fidel Castro, Raúl Castro y a la generación que controló el país desde 1959 mediante un sistema de partido único, ausencia de elecciones libres, censura de prensa y persecución de la oposición política.
En la narrativa oficial, Valdés será despedido como “combatiente revolucionario” y “héroe”. Para una parte considerable del exilio y de la disidencia cubana, en cambio, su muerte marca la desaparición de uno de los rostros más representativos del aparato represivo que sostuvo al régimen durante más de seis décadas.