
Nasry Asfura, candidato del conservador Partido Nacional de Honduras, fue declarado ganador de las elecciones presidenciales de su país, tras una demora en el conteo de votos que generó tensión por la sospecha de un fraude electoral.
Con un 40,27 % de los votos, Asfura, respaldado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, superó por poco al candidato del Partido Liberal, Salvador Nasralla, quien obtuvo un 39,53 %.
El proceso electoral estuvo marcado por una revisión de 2.792 actas debido a inconsistencias, lo que retrasó el anuncio oficial. Este resultado representa el regreso de la derecha al poder en Honduras, tras el gobierno de Juan Orlando Hernández (2014-2022).
Este expresidente cumplía una condena de 45 años de prisión en EEUU por tráfico de drogas y armas, pero recibió un inulto del gobierno de Trump, bajo el argumento de que su arresto fue una trampa por parte de la administración de Joe Biden.
La izquierda registró un rotundo fracaso en esta elección. La candidata oficialista Rixi Moncada, del Partido Libre, solamente sumó el 19,2 % de los votos, lo que evidencia que la mayoría del pueblo hondureño no está de acuerdo con el gobierno de la presidente izquierdista Xiomara Castro.
Asfura, conocido popularmente como “Tito” o “Papi a la orden”, ha mantenido un perfil cercano a la gente desde sus primeros años en la política. Descendientes de migrantes palestinos y nacido en Tegucigalpa, comenzó su carrera en la administración pública en los años 90, y alcanzó relevancia cuando fue electo alcalde de la capital en 2014, cargo en el que fue reelegido hasta 2022.
Durante su gestión en Tegucigalpa, se centró en la infraestructura vial y la mejora de las condiciones urbanas, destacándose por su experiencia en el sector de la construcción. Su estilo de campaña se basa en promesas de un gobierno cercano a la población y una administración eficiente, algo que ha sido clave en su imagen de “hombre de pueblo”.
En cuanto a sus propuestas, ha enfatizado la creación de empleo, la descentralización de servicios y el fortalecimiento de la seguridad. En un contexto de creciente preocupación por la corrupción en el país, se comprometió a implementar un gobierno claro y transparente, donde se auditen todas las instituciones del Estado.
Durante su campaña, Asfura también se centró en la necesidad de fortalecer las relaciones con EEUU y fomentar la inversión extranjera, un tema respaldado por el apoyo explícito del presidente Donald Trump.
El mandatario republicano no solo apoyó públicamente a Asfura, sino que también instó a los hondureños a votar por él, destacando la alianza entre ambos para combatir el narcotráfico y los “narcocomunistas” en la región.
El triunfo de Asfura también es parte de un giro hacia la derecha en América Latina, siguiendo las recientes victorias de líderes conservadores como José Antonio Kast en Chile. Este cambio refleja una tendencia en la región de electores que buscan respuestas frente a la inseguridad, la corrupción y la falta de desarrollo económico.
Mientras tanto, Salvador Nasralla rechazó los resultados y afirmó que no reflejaban la voluntad del pueblo hondureño. A pesar de no llamar a la violencia, el candidato anunció que defendería los votos de manera legal y pacífica.