
El periodista cubano José L. Tan Estrada, residente en México, difundió el 3 de mayo —fecha asociada al Día Mundial de la Libertad de Prensa— una declaración firmada de forma anónima por estudiantes de periodismo en Cuba, quienes denunciaron la falta de libertades informativas en la isla y rechazaron el modelo de control estatal sobre los medios.
El texto, publicado en su perfil de Facebook, recoge el testimonio de jóvenes que afirman no sentirse representados por el sistema vigente y reclaman ejercer su profesión sin restricciones.
“Desde el anonimato, estudiantes de periodismo de distintas partes de Cuba compartimos una postura que nace de la realidad que vivimos: no nos sentimos representados por un sistema que limita, condiciona y distorsiona la verdad”, señala el documento. La declaración describe un entorno marcado por la censura y cuestiona el papel de los medios oficiales, a los que acusan de responder a intereses políticos.
Los firmantes aseguran que el modelo actual “impone censura, restringe el ejercicio libre del periodismo y convierte la información en herramienta de control”. En ese contexto, rechazan “el silencio obligado y la manipulación como norma”, y subrayan su compromiso con una práctica informativa centrada en la ciudadanía.
“Nos posicionamos a favor del pueblo cubano, de sus historias, de sus necesidades y de su derecho a estar informado con honestidad”, afirman.
El pronunciamiento coincide con una fecha que, según periodistas independientes, tiene un significado distinto dentro de Cuba. La reportera Yoani Sánchez expuso en una publicación del medio 14ymedio que ejercer el periodismo fuera de las estructuras estatales implica riesgos constantes. “Ser periodista independiente no es solo una profesión; es una forma de resistencia”, escribió.
Sánchez también describió obstáculos que van más allá de lo técnico. “La mala calidad de las comunicaciones no es solo un problema técnico, es una estrategia”, afirmó. A esto se suman operativos policiales, vigilancia en domicilios y restricciones de movimiento en jornadas consideradas sensibles. “Hay días en que salir a reportar implica primero sortear un cerco”, explicó.
Las presiones incluyen citaciones, interrogatorios, decomisos de equipos y procesos judiciales. Según su testimonio, estas acciones buscan desalentar la labor informativa y castigar la cobertura de temas considerados incómodos. “Nos llaman ‘mercenarios’, ‘enemigos’, ‘desestabilizadores’, como si contar la realidad fuera una forma de violencia”, apuntó.
En su declaración, los estudiantes también marcaron distancia frente a la narrativa oficial. “No queremos ser repetidores de consignas ni voceros del poder. Queremos ejercer con ética, con libertad y con compromiso”, sostuvieron. Aunque no revelan sus identidades, defienden la legitimidad de su postura. “Aunque nuestras voces no lleven nombres, tienen convicción: nuestro lugar no está con el sistema, está con el pueblo”.