
Cuba enfrenta una crisis sanitaria agravada por el aumento sostenido de arbovirosis transmitidas por el mosquito Aedes aegypti, responsable del dengue y la chikungunya.
Aunque el brote se extiende por todo el país y causa un número creciente de fallecimientos, el Gobierno solo ha reconocido en lo que va de año tres muertes por dengue, según datos oficiales divulgados en las últimas semanas. Declaraciones obtenidas por Periódico Cubano revelan una realidad distinta.
Un médico de la provincia de Holguín, que prefirió mantener el anonimato, afirmó que las autoridades sanitarias prohíben al personal de salud informar que los fallecimientos están relacionados con estas enfermedades.
La restricción se aplica a reportes médicos, actas de defunción y comunicaciones internas. Su testimonio confirma lo que familias y comunidades han denunciado: la causa real de numerosas muertes no aparece en los registros.
El brote de arbovirosis afecta a miles de personas en todas las provincias. Los hospitales y policlínicos reportan ingresos diarios por fiebre alta, dolores musculares y signos de deshidratación. En zonas rurales y barrios periféricos, los pacientes esperan horas para ser atendidos.
La chikunguya, presente en varias provincias desde mediados de año, ha dejado secuelas duraderas en quienes sobreviven a las etapas agudas. Los afectados sufren dolores articulares, inflamación persistente y limitaciones de movilidad. Médicos consultados señalan que muchos pacientes no recuperan su capacidad funcional durante meses.
A pesar de la gravedad del escenario, el régimen mantiene un discurso que minimiza el impacto de la crisis. En contraste, testimonios de familiares y personal de salud indican que niños, jóvenes y adultos han muerto en diferentes municipios del país por el virus.
En redes sociales proliferan llamados de auxilio, solicitudes de medicamentos y reportes de fallecimientos sin explicación clara. La fuente consultada por nuestro medio explicó que los facultativos atribuyen los decesos a “complicaciones respiratorias”, “fallos multiorgánicos” o “shock séptico”, sin mencionar dengue o chikunguya.
La falta de transparencia impide medir con precisión la dimensión del brote, la ausencia de datos dificulta la toma de decisiones y la planificación de estrategias efectivas para contener la propagación del mosquito.
En varios territorios se reportan nula fumigación, escasez de productos insecticidas y basura que no se recoge durante meses. Vecinos de zonas afectadas señalan que brigadas de control vectorial pasan semanas sin recorrer los barrios. La acumulación de desechos y la falta de agua potable favorecen criaderos del mosquito.
Los centros asistenciales reconocen que no cuentan con suficiente personal sanitario. Algunos hospitales han habilitado salas improvisadas para atender a los pacientes febriles.
Mientras el brote avanza, el silencio oficial profundiza la incertidumbre. Médicos y comunidades coinciden en que la crisis supera las cifras divulgadas y exigen que las autoridades informen con transparencia sobre la situación epidemiológica del país.

