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Nuevos detalles sobre el fusilamiento de los tres jóvenes de la lanchita de Regla

Nuevos detalles sobre el fusilamiento de los tres jóvenes de la lanchita de Regla
La nueva información fue revelada por José Miguel Martínez en el programa The Cuban Show. (Captura de pantalla © The Cuban Show – YouTube)

Nuevos detalles sobre la muerte de Lorenzo Enrique Copello, Bárbaro Leodán Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac, los tres jóvenes que fueron juzgados y condenados a muerte bajo la Ley No. 93 de 2001 contra Actos Terroristas por desviar una embarcación el 2 de abril de 2003 con la intención de llegar a los Estados Unidos, fueron revelados por José Miguel Martínez en el programa The Cuban Show.

En el encuentro, organizado por Vladímir Aguilar a propósito de la Carta Abierta que el exprisionero político enviara al pianista Chucho Valdés —quien asegura que no firmó ningún comunicado a favor del fusilamiento de los protagonistas del suceso de la “lanchita de Regla”—, José Miguel Martínez narró con detalles cómo fueron los últimos días de aquellas víctimas.

En solo nueve días, el gobierno de Fidel Castro los juzgó, los condenó a pena de muerte, rechazó su apelación y ordenó que fueran fusilados.

Dentro de la ola de represión que recorría la Isla y días antes del desvío de la lancha Baraguá en La Habana, habían ocurrido las detenciones de la Primavera Negra, en la que más de 70 opositores al gobierno cubano fueron detenidos y encarcelados por todo el país.

Dos de ellos, el fotógrafo Omar Rodríguez Saludes y el periodista Ricardo González Alfonso, coincidieron con dos de los fusilados en las celdas de la temible Villa Marista, cuartel general de interrogatorio y torturas en la capital del régimen cubano. Rodríguez Saludes compartió celda con Jorge Luis Martínez, mientras que González Alfonso fue encarcelado junto a Lorenzo Enrique Copello, a quien tildaban de líder en los sucesos.

José Miguel Martínez explica que tanto los relatos de Rodríguez Saludes como de González Alfonso coinciden de manera significativa, incluso en los más mínimos detalles.

A los tres se les otorgó en sus últimos días un permiso de visita en el que estuvo presente un alto número de miembros de la familia, algo que resulta extraño en Villa Marista, donde generalmente se autoriza la visita de solo uno o dos familiares como máximo. Incluso, a uno de ellos se le permitió una visita conyugal, similar a la de un pabellón, con su esposa.

Según el relato de José Miguel Martínez —quien coincidió meses después como preso político con Rodríguez Saludes y González Alfonso en la cárcel de Kilo 8 en Camagüey, donde ambos le contaron sus historias—, en la tarde del 10 de abril los condenados y todos los que se encontraban en la celda junto a ellos recibieron una “exuberante” comida: medio pollo frito, arroz congrí, plátano maduro frito, ensalada de tomate y refresco de naranja.

Algo que sorprendió a los presos, quienes, al preguntar a los guardias, recibieron como respuesta que era un exceso de comida que no tenían dónde almacenar y que, para no botarla, prefirieron cocinarla para los reclusos.

Horas después, los condenados fueron llevados a la enfermería y regresaron un par de horas después. Tanto Rodríguez Saludes como González Alfonso coinciden en que regresaron en un estado evidentemente drogado, con la lengua trabada y medio babeados, y enseguida se durmieron mientras un guardia los vigilaba constantemente por la reja de la puerta.

Pasada la medianoche del 11 de abril de 2003 —en las oscuras celdas de Villa Marista no hay manera de saber la hora— entraron varios guardias y se los llevaron. A todos en la celda les dijeron que tenían la presión alta y que debían recibir un medicamento.

Al día siguiente, los guardias regresaron para recoger las pocas pertenencias que habían dejado. A los familiares de Lorenzo Enrique Copello, Bárbaro Leodán Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac se les informó de su muerte, luego de haber sido fusilados y enterrados. Un segundo grupo de cuatro participantes fue condenado a cadena perpetua y otros cuatro a condenas de entre 30 y 2 años.

La comunidad internacional se pronunció fuertemente contra la aplicación de penas tan severas, ya que, a pesar de los sucesos, no hubo heridos ni muertos. Y más aún, si se compara con los sucesos del asalto al Cuartel Moncada del 26 de julio de 1953, cuando la acción planeada por Fidel Castro terminó con un saldo de 27 muertos y 39 heridos. Fidel sería condenado a 15 años de privación de libertad, de los cuales cumpliría solo 18 meses.

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