
El prestigioso actor y humorista cubano Osvaldo Doimeadiós ha decidido dar un paso al lado en su relación con la televisión nacional. La causa no es falta de creatividad ni de propuestas, sino el hastío acumulado tras años de lidiar con censura, controles burocráticos y secretismo institucional que, según sus palabras, han asfixiado la libertad del humor en los medios oficiales.
“Yo ya no quiero hacer televisión, al menos programas humorísticos. No quiero perder el tiempo”, expresó durante una entrevista reciente en el canal de YouTube de La Familia Cuba, en la que abordó sin eufemismos las dificultades de crear humor en el contexto cubano actual.
Lejos de sonar derrotado, su decisión responde a una convicción: “La vida es una sola. Prefiero dedicarme al teatro, a dar clases, hacer humor en otros espacios”.
Doimeadiós explicó que grabar un programa en Cuba implica navegar un sistema impredecible: “A veces grabas algo con dos meses de antelación, pero justo esa semana alguien dice algo parecido en otro contexto, y ya no se puede poner. Nunca se sabe. Todo depende de tabúes mentales que todavía dominan a quienes toman decisiones”.
El creador no solo denuncia la censura directa, sino también la censura silenciosa, esa que no da explicaciones, que dilata presupuestos, o que hace desaparecer programas sin justificación pública. Un caso emblemático por el que le preguntó Alejandro Cuervo en medio de la conversación es el de Vivir del cuento, el espacio humorístico más exitoso de la televisión cubana en los últimos tiempos, donde Doimeadiós tuvo participaciones regulares.
“Fue un programa que se lo fueron llevando como la corriente… hasta que se acabó. Ni siquiera dieron explicaciones”, relató. Algunos episodios estaban ya ensayados, listos para ser grabados, pero nunca se aprobó el presupuesto. “El secretismo fue total. Y eso es una forma de censura”.
Para el artista, el humor no es un lujo ni un peligro, sino un respiro necesario. “En todas partes del mundo el humor no tumba ningún sistema. El humor se ríe y oxigena”, afirmó. Sin embargo, en Cuba, considera que aún se imponen límites absurdos: “Queremos que el humor se quede hasta aquí, que no moleste, que no toque temas sensibles… pero la realidad es que no hay nada sagrado para el humor”.
La crítica de Doimeadiós va más allá de lo artístico: apunta a quienes ejercen el poder cultural sin ética ni coherencia. “Hay personas que no defienden criterios ni políticas. Defienden estatus, la tarjeta de gasolina, la barriga de tres gavetas. Y esos son los más peligrosos”, sostuvo.
También cuestionó la falta de respeto al público. “Muchas veces ni siquiera se trata de un problema de calidad. Se trata de que los temas molestan. Y lo resuelven quitando el programa sin explicaciones”.
Frente a este panorama, el comediante ha decidido centrarse en espacios donde aún pueda ejercer su oficio con dignidad. “Lo que tengo es deseo de trabajar”, afirmó, aludiendo a su compromiso con el teatro y la enseñanza, alejándose de un medio donde el humor ya no tiene lugar ni respeto.
Con su testimonio, el artista deja claro que el humor cubano necesita libertad para respirar. Mientras tanto, él continuará en los escenarios donde aún se puede crear sin pedir permiso.