
La central termoeléctrica (CTE) Antonio Guiteras, la de mayor generación unitaria del país, sufrió otra de sus continuas averías durante la madrugada del lunes 6 de abril, por lo cual salió de servicio, dejando de aportar más de 240 MW.
Según un informe de la Unión Eléctrica, la caldera de la planta presentó una ponchadura al filo de las 3:00 a.m., por lo que la unidad dejó de producir electricidad. Ahora, el procedimiento es esperar al menos 72 horas para que todo el equipamiento se enfríe y entonces proceder con la soldadura.
La avería de la CTE en Matanzas agrava un escenario ya complejo de déficit de generación, donde hay varias termoeléctricas en avería o mantenimiento. Además, la escasez de combustible golpea la generación distribuida. El petróleo crudo que llegó desde Rusia la semana pasada aún está en proceso de refinación.
De acuerdo con la nota informativa sobre el estado del Sistema Eléctrico Nacional, la máxima afectación del domingo 5 de abril fue de 1.740 MW a las 8:30 p.m. Para las 6:00 a.m. de este lunes, la disponibilidad era de 1.100 MW frente a una demanda de 2.340 MW, con 1.265 MW ya afectados. En el horario del mediodía, la estimación oficial situó la afectación en 1.400 MW.
La propia UNE señaló que, además de la salida de Guiteras, permanecían fuera de servicio por avería la unidad 2 de Felton, la unidad 5 de Antonio Maceo y la unidad 6 de Diez de Octubre.
A eso se sumaban varias unidades en mantenimiento en Mariel, Renté y Nuevitas, junto con 266 MW fuera de servicio por limitaciones en la generación térmica. Ese cuadro confirma que el fallo en Matanzas no fue un hecho aislado, sino otro golpe sobre un sistema ya muy comprometido.
Para el horario de máxima demanda, la disponibilidad de energía solo llegaría a 1.205 MW frente a una demanda máxima estimada en 3.020 MW. De ahí que el déficit previsto para la tarde noche sea de 1.845 MW, una de las cifras más altas reportadas en las últimas jornadas.
CTE Guiteras: una planta soviética que ya no aguanta más
La CTE Antonio Guiteras, inaugurada en 1988 con tecnología soviética, es la mayor planta unitaria del país, con 330 MW de capacidad nominal, aunque hace décadas que no llega a esos niveles.
Opera sin mantenimiento capital desde hace 16 años. Depende de fuel oil pesado y arrastra problemas crónicos de corrosión en calderas, turbinas y bombas, agravados por la falta de repuestos y combustible. Esa combinación ha convertido a la central en uno de los puntos más frágiles del sistema eléctrico cubano.
Los antecedentes incluidos en el contenido refuerzan esa situación. En septiembre de 2023, la planta estuvo 11 días fuera de servicio por una falla en la bomba de recirculación; en agosto de 2022 registró problemas en la turbina; en enero de 2026 requirió un mantenimiento urgente de 72 a 96 horas, y en febrero volvió a paralizarse por una grieta en la caldera.
Ese historial ha consolidado la percepción de que la Guiteras ya no ofrece estabilidad al SEN. La planta funciona de manera intermitente y su deterioro obliga a sostener racionamientos prolongados.
Sin una modernización total seguirá siendo un punto crítico dentro de la crisis energética que castiga a la Isla y que mantiene a millones de cubanos sometidos a apagones prolongados, calor, falta de descanso y daños en equipos eléctricos.
Reacciones de los cubanos ante otro día de apagones
La reacción en redes sociales, recogida en el contenido entregado, estuvo marcada por el sarcasmo, la resignación y la ira. Varios comentarios ironizaron con que la salida de Guiteras era previsible y cuestionaron que las termoeléctricas volvieran a romperse justo cuando entra combustible.
Otros usuarios hablaron de “burla”, “circo” y “vergüenza nacional”, mientras algunos advirtieron sobre el riesgo de una nueva caída total del sistema.
También aparecieron testimonios de personas que denunciaron más de 12 horas sin corriente en zonas de Marianao, Vedado, Guanabacoa, Pinar del Río y Ciego de Ávila. Una parte de los comentarios criticó la mala planificación de las rotaciones y la falta de soluciones reales.
Otra fue más allá y vinculó el deterioro energético con la crisis política y económica del país, en una muestra del desgaste social que provocan los apagones cuando se vuelven rutina.