
En 2026, una visita del youtuber cubano JSant TV al parque Lenin, en La Habana, volvió a exponer el deterioro de uno de los espacios recreativos más conocidos de Cuba.
El recorrido mostró instalaciones destruidas, maleza, saqueo y zonas sin uso. Más allá de las ruinas, el video dejó una denuncia mayor: la pérdida de un sitio que marcó la infancia de varias generaciones y que hoy refleja el abandono de espacios públicos en La Isla.
La grabación tiene un eje claro. No habla solo de un parque viejo. Habla de una parte de la memoria colectiva cubana que se desmorona. Uno de los participantes resume esa sensación desde el inicio, cuando admite que regresar allí le provoca tristeza.
No piensa solo en el pasado. Piensa también en los niños y jóvenes que ya no podrán conocer el lugar como fue.
El parque Lenin no era visto como un simple recinto de aparatos mecánicos. Según el testimonio recogido en la visita, incluía el Palacio de Pioneros, anfiteatro, acuario, piscinas, presas, restaurantes, zonas ecuestres, campismo, tren interno y áreas para actividades infantiles.
Era un complejo recreativo amplio. Por eso su decadencia golpea tanto: no se perdió una instalación aislada, sino un entorno completo de ocio, cultura y vida familiar.
El abandono físico aparece en cada tramo del recorrido. Los visitantes encuentran cafeterías vacías, baños destruidos, entradas cerradas y edificios cubiertos por el monte. También identifican estructuras que ya casi no se pueden reconocer.
En varios momentos comparan el lugar con una escena posapocalíptica. La imagen no parece exagerada: hay caminos perdidos, construcciones vencidas y espacios que lucen tragados por la vegetación.
A ese deterioro se suma el saqueo. No se trata solo del paso del tiempo. Durante la visita se habla del robo de losas, tejas, marcos, cables, cristales, luces y piezas metálicas. En varias zonas quedan aparatos que todavía podrían rescatarse, pero están expuestos al vandalismo.
En el área de diversiones sobreviven restos de la estrella, el deslizador, helicópteros infantiles y otros equipos. No parecen atracciones fuera de servicio. Parecen esqueletos de una época que ya no existe.
Uno de los hallazgos más reveladores es el nuevo uso del parque. Donde antes predominaban paseos familiares, juegos y actividades infantiles, hoy aparecen pescadores, personas recogiendo leña y trabajadores informales que producen carbón.
El espacio ya no funciona como centro de recreación. Funciona, para muchos, como una zona de subsistencia. Ese cambio retrata con fuerza la realidad cubana actual: un lugar creado para el disfrute colectivo termina absorbido por la necesidad diaria.
En conjunto, el parque Lenin deja de ser solo un sitio físico y pasa a representar algo mayor. Su estado actual no parece fruto de un accidente. Refleja años de desidia, falta de mantenimiento, empobrecimiento y abandono institucional.