
Un petrolero con unas 40.000 toneladas de diésel ruso que tenía como destino Nueva York permanece sin puerto de descarga confirmado y ello aumenta la sospecha sobre una llegada a Cuba.
Ese eventual desvío podría aportar combustible a la generación eléctrica de la isla, pero no existe confirmación de que la carga haya sido asignada al país. La hipótesis fue planteada por el portal especializado OilPrice.com en un análisis publicado el pasado miércoles.
El medio examinó la situación del Agioi Fanendes, un buque de bandera maltesa gestionado por la compañía griega Eastern Mediterranean Maritime (EASTMED), cuyo itinerario quedó en suspenso en medio de cuestionamientos políticos y legales en Estados Unidos.
El petrolero salió de Primorsk con una llegada prevista al puerto de Nueva York y Nueva Jersey para el 7 de noviembre. Sin embargo, los datos de seguimiento citados por Lloyd’s List lo situaban el 26 de octubre frente a Skagen, Dinamarca.
Según el portal de rastreo Vessel Finder, el buque hace dos días se encontraba situado al norte de Reino Unido y aún marcaba que su último puerto fue Primorsk.
La naviera reconoció el miércoles que el destino “todavía no había sido nominado ni finalizado”. Esa declaración confirma la incertidumbre comercial, pero no identifica a Cuba como receptora. Tampoco permite afirmar que el barco haya puesto rumbo a la isla o que exista un acuerdo para entregar allí el combustible.
El obstáculo más visible procede del senador demócrata Richard Blumenthal, quien exigió a EASTMED retirar el buque si pretendía descargar en un puerto estadounidense. En una carta del 27 de octubre, el legislador cuestionó la legalidad de la operación y pidió información sobre las empresas involucradas.
Blumenthal invocó la ley de 2022 que prohíbe las importaciones de petróleo y derivados rusos. Su argumento es que la autorización administrativa emitida por el Departamento del Tesoro no resuelve por sí sola las restricciones establecidas por el Congreso. Esa interpretación forma parte de la disputa que rodea los cargamentos.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) publicó el 9 de octubre la Licencia General 135, que autoriza determinadas transacciones relacionadas con la venta, entrega, descarga e importación de diésel de origen ruso. La medida acompañó el entendimiento comercial anunciado por Donald Trump y Vladímir Putin.
El senador fijó el 31 de octubre como plazo para identificar al vendedor, comprador, fletador, aseguradora y operador de la terminal, entre otros participantes. La presión también alcanza a bancos y autoridades portuarias, advertidos por legisladores sobre posibles responsabilidades si intervienen en operaciones que vulneren la legislación estadounidense.
Para Cuba, cualquier suministro adicional tendría importancia ante la escasez de combustible. El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, reconoció que las reservas de diésel y fuel oil se agotaron en mayo. También situó en 1.600 toneladas diarias las necesidades de diésel para generación eléctrica.
Los antecedentes muestran la distancia entre un cargamento esperado y uno recibido. El Anatoli Kolodkin llegó a Matanzas a finales de marzo con 100.000 toneladas de crudo Urals. Según el embajador cubano en Moscú, aquel envío permitió reducir los cortes eléctricos durante apenas dos semanas.
Otros suministros anunciados no llegaron: el Universal terminó desviándose a Brasil tras más de 21 días en el Atlántico, mientras el Sea Horse puso rumbo a Trinidad y Tobago.
Rusia anunció envío de diésel a EEUU
Rusia tenía prevista para el miércoles 28 de octubre la salida de un cuarto buque con diésel rumbo a Estados Unidos, en cumplimiento del acuerdo comercial alcanzado entre Donald Trump y Vladímir Putin.

El viceprimer ministro ruso, Alexandr Nóvak, anunció los preparativos el martes y señaló que los envíos buscan ampliar la oferta de combustible en el mercado estadounidense y frenar el aumento de los precios.
De acuerdo con la agencia Interfax, Nóvak explicó durante un encuentro internacional sobre gas en Moscú que otras tres embarcaciones ya viajaban hacia Estados Unidos. La partida del cuarto cargamento quedaba condicionada a que se completaran los trabajos logísticos.
Los despachos se organizaron tras el entendimiento anunciado el 9 de octubre, que abrió una nueva etapa en el intercambio energético entre ambos países, cuyas relaciones comerciales estaban limitadas por las sanciones impuestas a Rusia después de la invasión de Ucrania.
