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¿Por qué Mario Vargas Llosa pasó de admirar la Revolución Cubana a condenarla con firmeza?

Mario Vargas Llosa en Oppenheimer
En sus últimos años, Vargas Llosa no dudó en respaldar a figuras políticas que representaban la antítesis de sus primeros ideales. (Captura de pantalla © Oppenheimer Presenta – YouTube)

Mario Vargas Llosa, uno de los más influyentes escritores latinoamericanos, vivió una transformación política que reflejó el devenir de América Latina en las últimas décadas. Este domingo, el Premio Nobel de Literatura dejó el plano terrenal a los 89 años.

El literato pasó de sus inicios como ferviente seguidor de la Revolución Cubana a convertirse en un defensor del liberalismo económico y un firme crítico de los regímenes autoritarios. Su vida estuvo marcada por sus ideales y su búsqueda constante de un mundo mejor para su región.

En 1967, Vargas Llosa era un joven idealista que soñaba con la emancipación de América Latina. Recientemente galardonado con el premio Rómulo Gallegos por su novela La Casa Verde, el escritor se encontraba en Caracas, donde expresó su esperanza en la llegada de la justicia social a toda la región.

“Dentro de diez, veinte o cincuenta años habrá llegado, a todos nuestros países, como ahora a Cuba, la hora de la justicia social”, escribió en sus primeros años de fama, confiado en que el socialismo liberaría a los pueblos latinoamericanos del imperialismo y la opresión.

Sin embargo, la relación de Vargas Llosa con la Revolución Cubana comenzó a deteriorarse a partir de 1967, cuando el régimen castrista encarceló al poeta cubano Heberto Padilla. Este episodio fue el punto de quietud que lo llevó a exigir la liberación del escritor y a distanciarse de la revolución cubana.

Años después, en 1969, cuando Perú vivía bajo una dictadura militar autodenominada Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, Vargas Llosa escribió una carta al autor mexicano Carlos Fuentes, criticando la afinidad de la izquierda con el régimen peruano, al que consideraba una farsa.

El desencanto con el socialismo y la opresión de las libertades individuales llevó a Vargas Llosa a abrazar un pensamiento más liberal. En 1980, se unió al movimiento Libertad, que representaba a los partidos de derecha tradicional en Perú. Su ideología de apoyo a la libertad y a la democracia liberal lo hizo alejarse cada vez más del socialismo, y en 1988, después de un intento fallido de llegar a la presidencia de Perú, Vargas Llosa se consolidó como un líder neoliberal, criticando con fuerza las dictaduras y los regímenes que limitaban las libertades.

En sus últimos años, Vargas Llosa no dudó en respaldar a figuras políticas que representaban la antítesis de sus primeros ideales. Un ejemplo claro de ello fue su apoyo a Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, quien había sido un adversario político de Vargas Llosa en los años 90.

En 2021, Vargas Llosa se sorprendió a muchos al pedir el voto para Keiko Fujimori, a pesar de su historial de rechazo a la familia Fujimori. Este apoyo a la política neoliberal de la derecha peruana marcó la culminación de un cambio radical en sus posturas políticas, de un ferviente defensor de la justicia social a un crítico del autoritarismo y un apoyo al neoliberalismo.

A lo largo de su carrera, Vargas Llosa cambió de ideas, pero siempre mantuvo un compromiso con la libertad y la democracia. En sus últimos años, destacó el papel de la literatura como un baluarte de la democracia y la justicia, y fue un defensor de los valores universales de la libertad, la verdad y la justicia. Su carrera, marcada por la política, la literatura y el activismo, dejó una huella profunda en la historia de América Latina y del pensamiento liberal.

El escritor peruano falleció por causas de una neumonía que se complicó por su avanzada edad y sus familiares aclararon que no iban a hacer un acto fúnebre abierto al público.

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