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Porqué deportar migrantes cubanos a África es casi una sentencia de muerte

Vuelos de deportación de ICE también se dan a terceros países. Imagen de referencia. (Captura de pantalla © Inmigration and Custom Enforcement- YouTube)
Vuelos de deportación de ICE también se dan a terceros países. Imagen de referencia. (Captura de pantalla © Inmigration and Custom Enforcement- YouTube)

Migrantes deportados por Estados Unidos a países africanos enfrentan riesgos graves de salud y seguridad, que podrían imposibilitar su regreso a sus países de origen, o representarles incluso la muerte.

En medio de un aumento de expulsiones hacia terceros territorios, la administración de Donald Trump decidió recurrir a naciones fuera de América Latina, siendo África el continente donde más naciones han aceptado colaborar para recibir a los deportados.

La medida en un inicio contempló envíos a países como Esuatini y Ghana, pero posteriormente se sumaron Sudán, Ruanda y la República Democrática del Congo, naciones que enfrentan severos problemas sociopolíticos internos, incluyendo guerras internas.

Riesgos de salud para migrantes en África

Los arrestos por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han incluido deportaciones exprés a terceros países, que se dan en tiempos tan breves como 48 o 72 horas.

En estos casos, es tiempo insuficiente para que los migrantes contacten a familiares o abogados, y que implica también que sean sacados del país sin apropiada medicina preventiva.

Según reportes organizaciones, varias personas han sido trasladadas sin esquemas de vacunación completos ni acceso a tratamientos preventivos básicos, lo que incrementa el riesgo sanitario desde el momento de su llegada.

Las recomendaciones internacionales para viajar a gran parte de África incluyen al menos siete vacunas básicas, entre ellas contra la fiebre amarilla, hepatitis A y B, tifoidea, meningitis y sarampión.

También se aconseja protección contra la rabia y el cólera en zonas de riesgo. A esto se suma la necesidad de tomar medicamentos preventivos contra la malaria antes, durante y después del viaje.

Sin estas medidas, la exposición a enfermedades transmitidas por mosquitos, agua contaminada o falta de saneamiento puede derivar en cuadros graves o incluso mortales.

Entre las enfermedades más comunes en estas regiones están la malaria, el dengue y la fiebre amarilla, todas transmitidas por vectores. También son frecuentes infecciones como el cólera y la fiebre tifoidea, vinculadas al consumo de agua o alimentos contaminados.

 

En zonas con sistemas sanitarios limitados, el acceso a tratamiento oportuno es difícil, lo que agrava el riesgo para personas recién llegadas sin recursos.

Riesgos de seguridad para migrantes en África

A lo anterior, se suma el contexto sociopolítico de algunos de los países receptores. En el caso de la República Democrática del Congo, el grupo rebelde M23 ha tomado ciudades clave como Goma y Bukavu, respaldados presuntamente por Ruanda -otro de los países destino de ICE-,  lo que ha provocado miles de muertes, desplazamientos masivos de civiles y una crisis humanitaria y de seguridad de alcance regional.

Estas condiciones representan un peligro para extranjeros, especialmente para quienes no tienen redes de apoyo, documentación o siquiera conocimiento del idioma local.

En el caso de Sudán, el país lleva tres años sumido en una guerra civil, iniciada en abril de 2023, y que ha degenerado en un genocidio en la región de Darfur, con más de 150,000 muertos y 12 millones de desplazados.

Esto complica aún más la situación de los migrantes, que en muchos casos llegan sin dinero, sin documentos válidos y sin posibilidad alguna de regresar a sus países de origen, con una población en crisis que, incluso si tuviera intenciones, está incapacitada para ayudarlos.

La barrera del idioma es otro factor crítico. En varias de estas naciones se hablan lenguas locales o idiomas oficiales como francés o inglés, lo que dificulta la comunicación para migrantes como los cubanos.

Entre la saturación de la capacidad institucional, la inestabilidad política y la barrera del idioma, queda obstaculizado casi en su totalidad el acceso a servicios básicos, atención médica o asistencia legal para los migrantes.

Además de los riesgos sanitarios y de seguridad, el entorno natural también representa un desafío. En zonas rurales o periféricas, la fauna local y las condiciones climáticas pueden ser adversas para personas no adaptadas.

Organismos internacionales y expertos en migración han cuestionado estas deportaciones por la falta de garantías y por el impacto que tienen en la integridad de los afectados, denunciándolas como una muestra de inhumanidad y poco respeto por la vida de los inmigrantes.

También se ha señalado que enviar personas a países con los que no tienen vínculos previos dificulta cualquier intento de reintegración o retorno, ni siquiera hacia EEUU, sino hacia sus países de origen.

Durante la actual administración de Trump, más de 6.000 cubanos han sido expulsados de EEUU, decenas de ellos enviados a países en el continente africano, en lo que es prácticamente una sentencia de muerte, y sin que sus familias puedan hacer nada para impedirlo.

A pesar de la alegaciones de organizaciones por los derechos humanos, la amenaza continúa sobre miles de migrantes más, incluidos miles de cubanos que permanecen de momento en las instalaciones de ICE, o que tiene estatus legales temporales que ya fueron anulados por el gobierno de Trump.

 

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