
Hay premios que honran la verdad y otros que la venden. Cuando se reconoce a una mujer íntegra como Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, la justicia histórica se abre paso entre tanta mentira oficial.
Su distinción con el Premio Lech Wałęsa es un triunfo de la dignidad sobre la desvergüenza. Y es precisamente esta victoria moral lo que hace que los voceros de la tiranía cubana estallen en rabia contenida y discursos vacíos.
Polonia y Cuba: caminos opuestos
El contraste es abrumador: Polonia, que supo liberarse del comunismo, hoy figura entre las economías más dinámicas de Europa, con un PIB per cápita más que duplicado desde 1989 y un crecimiento sostenido.
Cuba, en cambio, expulsó al capitalismo y retrocedió más de dos siglos y medio, hundida en apagones, hambre y ruina económica. Dos caminos, dos destinos, dos sentencias.
La farsa de la Orden José Martí
Mientras se ataca con veneno a luchadoras como Berta Soler, el régimen reparte con descaro la Orden José Martí, supuestamente reservada para grandes méritos a la humanidad. En realidad, se ha convertido en una lista de deshonor que mancilla el nombre del Apóstol.
¿Quiénes figuran en esa galería de afrentas?
• Nicolae Ceaușescu, dictador rumano que acabó ejecutado por su propio pueblo.
• Saddam Hussein, responsable de masacres, guerras y represión sangrienta.
• Kim Il Sung, fundador de la dinastía norcoreana del hambre y la represión.
• Robert Mugabe, verdugo de Zimbabue, causante del colapso de una nación próspera.
• Hugo Chávez, iniciador de la debacle venezolana.
• Evo Morales, símbolo de corrupción y manipulación populista.
• Nicolás Maduro, carnicero de un país devastado.
• Vladímir Putin, condecorado en 2014, hoy señalado por crímenes de guerra en Ucrania.
La lista es larga y vergonzosa. Y basta con mirar sus prontuarios para entender lo siguiente: los crímenes de estos condecorados bastarían para llenar un cementerio entero.
El silencio cómplice
El canciller Bruno Rodríguez, siempre dispuesto a enarbolar la voz del amo, calla ante semejantes infamias. No protesta por la afrenta a Martí, no se inmuta cuando se premia a dictadores, asesinos o tiranos. Su indignación es selectiva, servil y mezquina.
Polonia como espejo incómodo
Que Polonia premie a Berta Soler es un mensaje devastador para La Habana. Allí se honran las luchas cívicas, aquí se premia a tiranos. Allí se construye prosperidad con libertad, aquí se destruye todo bajo el peso de una dictadura inmoral.
Cada condecoración de la Orden José Martí a un criminal es una lápida más sobre la memoria del Apóstol. La tiranía cubana, en su cinismo, ha convertido lo que debía ser símbolo de honor en un catálogo de la ignominia. Frente a esto, el premio a Berta Soler resplandece como un rayo de justicia en medio de la podredumbre.
La historia ya lo dicta: los pueblos libres reconocen a los justos; las dictaduras se arrodillan ante los verdugos. Y esa diferencia lo dice todo.
Esa mujer es “segurosa”
premio de que ser complice de los castros que la ponen presa y la sueltan en la otra esquina todo eso de la disidencia es mentira creado por los ASESINOS DE LOS CASTROS NO CREO EN NINGUNO