
La presión de Estados Unidos sobre Venezuela y su industria petrolera ha comenzado a tener consecuencias dramáticas para Cuba, que depende en gran medida de los envíos de crudo provenientes de su aliado bolivariano.
La reciente incursión de la Guardia Costera estadounidense contra la “flota fantasma” venezolana, que transporta petróleo sin la debida autorización, ha intensificado aún más la crisis energética en la isla, justo cuando su situación económica ya atraviesa uno de los períodos más críticos en décadas.
Según informes del economista y politólogo cubano Arturo López-Levy, las medidas de Washington, que han afectado directamente la capacidad de Venezuela para exportar crudo a Cuba, están teniendo efectos devastadores.
“Lo más probable es que con las recientes medidas en el Caribe, esas entregas de petróleo de Venezuela a Cuba caigan”, señaló López-Levy, advirtiendo que la escasez de recursos energéticos podría profundizarse aún más.
Desde el año 2000, con el Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, el país caribeño ha dependido del petróleo venezolano como su principal fuente de energía, mientras que Venezuela, a cambio, ha recibido servicios profesionales de Cuba, principalmente médicos y educadores.
Este acuerdo, que fue clave para la estabilidad de ambos países, se ha visto gravemente afectado en los últimos años debido a la caída de la producción venezolana y las sanciones impuestas por Estados Unidos.
La situación se ha vuelto aún más alarmante a medida que la producción de petróleo en Venezuela ha disminuido, lo que ha reducido drásticamente los envíos de crudo a Cuba. Según estimaciones, Venezuela llegó a enviar hasta 100,000 barriles diarios de petróleo, pero este año la cifra se redujo a solo 27,000 barriles diarios.
En el contexto de Cuba, esto ha resultado en apagones de hasta 20 horas diarias, el cierre de industrias y la creciente escasez de combustibles en las gasolineras, lo que ha afectado gravemente la vida cotidiana de los cubanos.
Aunque algunos apoyos han llegado de otros países, como Rusia y México, no han sido suficientes para cubrir la diferencia. Rusia, por ejemplo, ha enviado unos 6,000 barriles diarios, pero su capacidad está limitada debido a la guerra en Ucrania y las dificultades económicas internas.
México, por su parte, ha reducido considerablemente sus envíos a la isla, pasando de 23,000 barriles diarios a solo 2,500, lo que refleja las presiones de Estados Unidos sobre las relaciones comerciales con Cuba.
En este contexto, la situación energética de Cuba se está convirtiendo en un punto crítico. Los economistas cubanos, como Ricardo Torres, advierten que la crisis podría empeorar aún más si no se encuentra una fuente alternativa significativa de energía. Torres califica las consecuencias para Cuba como “desastrosas”, dado que la isla ya enfrenta un déficit de hasta 50,000 barriles diarios.
Además de los desafíos energéticos, Cuba también lidia con una grave crisis económica caracterizada por la escasez de alimentos, altos niveles de inflación y una creciente migración. Estos problemas se han visto exacerbados por las sanciones internacionales y la falta de acceso a recursos clave debido al cerco económico impuesto por EE. UU.