
En las últimas horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha publicado una secuencia de mensajes sobre Irán en su cuenta de Truth Social.
Si hay algo claro es que el líder de la Casa Blanca ya está construyendo un relato de cierre para el conflicto en Irán, a la vez que la situación objetiva le permitirá bajar los precios del petróleo y acallar las críticas internas por esa causa.
Aunque sobre el papel persistan zonas grises, el presidente estadounidense presentó el conflicto como una victoria política y militar de Washington, habló de “cambio de régimen” en Teherán, aseguró que los objetivos ya fueron cumplidos y pasó, en menos de 24 horas, de amenazar con una devastación total a hablar de reconstrucción, alivio de sanciones y cooperación con Irán.
Más que una guerra abierta en expansión, lo que hoy proyecta Trump es la imagen de un expediente que quiere dar por encaminado para salir de él. Tal vez entonces ahora tenga tiempo para “tomar Cuba”, dado que en declaraciones previas había dicho que la Isla sería la siguiente.
En marzo pasado, el republicano dijo que su secretario de Estado, Marco Rubio, estaba desarrollando conversaciones al más alto nivel de la cúpula que dirige el país caribeño. Pero también mencionó que primero había que resolver el asunto en Irán. Ese conflicto ya está casi resuelto.
Si Trump siente que el frente iraní ya está suficientemente encarrilado, Rubio tiene el espacio político y el mandato ideológico para empujar una fase más agresiva sobre Cuba. Ese sería el peor escenario para la cúpula castrista.
Al final del día, la intervención en Venezuela terminó con el dictador Nicolás Maduro preso en Nueva York y la incursión en Irán desapareció a buena parte de los líderes políticos, militares y religiosos del país, incluyendo el ayatolá Ali Jamenei.
La parte cubana se prepara para una intervención militar
La parte cubana ha comenzado a combinar dos mensajes que, en apariencia, buscan sostenerse al mismo tiempo: por un lado, insiste en que apuesta por el diálogo con Washington; por otro, reactiva el discurso de resistencia armada ante una eventual intervención militar.
Josefina Vidal, vicecanciller cubana, reconoció ante AFP que los contactos recientes entre ambos gobiernos siguen en una fase “muy preliminar” y que todavía no existe una negociación estructurada.
En paralelo, Miguel Díaz-Canel endureció el tono. En entrevista con Newsweek, afirmó que el régimen respondería a una eventual operación militar con una campaña de guerrillas, movilización popular y la aplicación de la vieja doctrina de la “guerra de todo el pueblo”.
Con ello, el gobernante volvió a apelar al lenguaje épico de la propaganda oficial, insistiendo en que el país está dispuesto a “luchar y defenderse” si se produce una agresión.
Esa misma línea fue reforzada por Johana Tablada de la Torre, funcionaria de la embajada cubana en México, quien declaró que una invasión estadounidense “no será un paseo” y aseguró que el régimen se está preparando.