
La propaganda oficialista cubana respondió en las últimas horas a las declaraciones de Donald Trump sobre un posible despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln cerca de Cuba.
Los análisis difundidos en perfiles afines al régimen fueron realizados con inteligencia artificial y pretenden restar importancia a las palabras de Trump, cuestionando militarmente la decisión de poner un portaaviones a solo 100 yardas de las costas cubanas.
Según el texto, un portaaviones demasiado próximo a la costa quedaría expuesto a minas navales, defensas costeras y otros riesgos operativos. Incluso habla de que submarinos silenciosos lo podrían afectar.
El problema es que Cuba no tiene ninguna de esas armas para enfrentarse a un poder militar tan superior como el de EEUU.
El texto difundido por el aparato comunicacional del régimen cuestiona la idea de que el USS Abraham Lincoln pudiera acercarse a apenas 100 yardas de Cuba, unos 91 metros. Según ese análisis, una maniobra de ese tipo no sería una demostración de fuerza, sino una exposición innecesaria de una nave diseñada para operar a gran distancia.
El argumento central sostiene que un portaaviones de clase Nimitz necesita aguas profundas, amplio espacio de maniobra y un perímetro de seguridad considerable. Por ello, acercarlo tanto a la costa cubana sería inviable desde el punto de vista físico y operativo.
El mensaje oficialista intenta presentar esa supuesta vulnerabilidad como una ventaja estratégica para Cuba. El análisis afirma que el poder de un portaaviones no depende de su cercanía a tierra, sino de su capacidad para proyectar fuerza desde cientos de kilómetros mediante su aviación embarcada, sus escoltas, radares y sistemas de guerra electrónica.
El enfoque propagandístico no plantea necesariamente la destrucción de la nave, sino la posibilidad de elevar el costo militar y político de cualquier operación. Según esa lógica, Cuba no necesitaría armamento avanzado para enfrentar un escenario así, sino crear un riesgo suficientemente alto para disuadir un acercamiento extremo.
El contenido surgió después de que el presidente de Estados Unidos afirmara, durante una cena privada en West Palm Beach, que podría “tomar Cuba casi inmediatamente” tras resolver el conflicto con Irán.
En ese mismo contexto, Trump mencionó la posibilidad de enviar un portaaviones hacia las costas cubanas como gesto de presión militar contra La Habana.
El USS Abraham Lincoln pertenece a la clase Nimitz, una categoría de superportaaviones de propulsión nuclear utilizada por Estados Unidos durante más de cinco décadas para proyectar fuerza militar.
El buque puede transportar hasta 90 aeronaves, entre aviones de ala fija y helicópteros, y operar como plataforma de superioridad aérea, ataque y presencia naval en zonas de tensión.
La embarcación mide 332,8 metros de largo, tiene una manga de 76,8 metros y un calado máximo de 12,5 metros. Su desplazamiento ronda las 104.300 toneladas largas y puede superar los 30 nudos, equivalentes a unos 56 kilómetros por hora.
Opera con dos reactores nucleares A4W, cuatro turbinas de vapor y cuatro ejes, lo que le permite mantenerse en misiones prolongadas con gran autonomía. Su dotación puede alcanzar 5.680 personas, entre tripulación y ala aérea, y cuenta con sistemas Sea Sparrow, misiles Rolling Airframe y Phalanx CIWS para defensa de corto alcance.