
En Puerto Rico, la presencia de la rana cubana (Osteopilus septentrionalis), considerada una especie invasora, ha generado preocupación tanto a nivel científico como entre la ciudadanía. Según el diario El Nuevo Día, las ranas cubanas “se comen todo lo que les quepa en la boca” y eso es un peligro contra la biodiversidad de la nación.
Introducida accidentalmente en el país boricua en la década de 1950, esta especie ha comenzado a extenderse por diversos municipios, con un impacto potencial en la fauna local. Su presencia ha sido señalada como una amenaza a las especies endémicas, aunque los estudios aún no determinan con certeza su impacto en los ecosistemas.
La rana cubana fue registrada por primera vez cerca de la antigua Base Ramey, en Aguadilla, probablemente transportada por embarcaciones militares de Estados Unidos. Desde allí, comenzó a propagarse a otras zonas de la isla, incluyendo Cabo Rojo y otros municipios del oeste, donde ha sido vista en áreas húmedas o de densa vegetación.
Sin embargo, también ha sido avistada en climas más secos, lo que resalta su capacidad de adaptación. A pesar de su amplia distribución, muchos ciudadanos no reconocen a este anfibio como una especie invasora, confundiendo su aspecto con otras ranas autóctonas, como el coquí.
El doctor Ricardo López Ortiz, director de la División de Investigación y Manejo Pesquero Comercial en el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), describió las principales características de la rana cubana.
A diferencia de los coquíes, la rana cubana es más grande y tiene una piel menos arrugada. Su coloración varía entre el verde y el pálido, dependiendo del entorno. Además, presenta discos en la punta de los dedos y ojos saltones, lo que facilita su identificación.
Aunque algunos estudios han sugerido que la rana cubana podría consumir insectos que afectan los cultivos agrícolas, no existe evidencia concluyente que indique que esta especie representa una amenaza directa para las plantas o la fauna local.
“Es difícil determinar su impacto, pero la especie podría competir con otras por recursos”, indicó López Ortiz. A pesar de ello, la rana no posee toxicidad como algunos sapos, aunque su orina ácida podría causar irritaciones si entra en contacto con la piel o mucosas.
El DRNA y otras agencias gubernamentales están trabajando en conjunto para entender mejor el comportamiento de esta especie invasora. Recientemente, firmaron un memorando de entendimiento con el Recinto Universitario de Mayagüez (UPR) para promover investigaciones sobre la rana cubana y otras especies invasoras. A través de estos esfuerzos, buscan desarrollar métodos para manejar la propagación de la especie y proteger la biodiversidad de la isla.
La rana cubana (Osteopilus septentrionalis) fue descrita científicamente por primera vez en 1860 por el zoólogo estadounidense Edward Drinker Cope. Su estudio y clasificación se basaron en ejemplares recolectados en Cuba, que es su hábitat natural. Desde su descripción, esta especie ha sido estudiada en diversas partes del mundo, especialmente en los contextos de su propagación como especie invasora en otros territorios como Puerto Rico.
Hace 12 años encontré varias de ellas en el patio de ni casa en Vega Baja. Trepan hasta por las paredes y se cuelan dondequiera.
RECUERDEN QUE ELLA SE COME TODO MLO QUE LE CAE EN LA BOCA, POR SER CUBANA, TE IMAGINAS EL HAMBRE QUE ESTABAPASANDO EN CUBA, LLEGA A PUERTO MRICO DONDE HAYH DE TODO, SE DA BANQUETE. ESA RANA SE COME EN ESTOFADO ES SABROSISIMA