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¿Quién sostiene al cine independiente cubano? Retos y desafíos

Los propios cineastas, por su parte, deben ofrecer mecanismos confiables para recibir contribuciones y explicar cómo utilizarán los recursos
Lilo Vilaplana Director de Peliculas Independientes cubanas en el exilio de Miami
No podemos reclamar nuevas películas mientras esperamos que sus responsables trabajen gratis o arriesguen indefinidamente su patrimonio personal. (Foto © Cortesía de Lilo Vilaplana)

Uno de los mayores desafíos del cine independiente cubano no es la falta de historias, talento o voluntad creativa. Es la ausencia de un sistema estable de financiamiento. Producir una película requiere pagar equipos, actores, técnicos, transporte, alimentación, edición, música, promoción y distribución.

La independencia artística no elimina esos costos; por el contrario, obliga a asumirlos sin el respaldo económico de una institución.

Durante décadas, el modelo cultural impuesto por el régimen de Fidel Castro acostumbró al público a recibir películas, conciertos, libros y otras expresiones artísticas de manera gratuita o mediante precios simbólicos. Aquella política, presentada como una democratización de la cultura, también provocó una consecuencia perjudicial: una parte de la sociedad dejó de percibir el trabajo artístico como una actividad que debía ser remunerada.

Película Realizador Presupuesto y apoyo
The Lost City (2005) Andy García 9,6 millones de dólares (capital privado y producción independiente)
Plantados (2021) Lilo Vilaplana Presupuesto superior al millón de dólares, sin cifra exacta publicada (patrocinio del empresario Leopoldo Fernández Pujals)
Plantadas (2023) Lilo y Camilo Vilaplana 380.000 dólares recaudados en efectivo (aportes de exiliados, donaciones y recursos prestados)
Paraíso (2009) León Ichaso 30.000 dólares
Cuban Food Stories (2018) Asori Soto 50.091 dólares recaudados (266 patrocinadores en Kickstarter)
Hard Rock Havana (2021) Nicholas Brennan 34.313 dólares recaudados (252 patrocinadores en Kickstarter)
Global Cuba (2013) GlassWorks MultiMedia 15.339 dólares recaudados (108 patrocinadores en Kickstarter)
They Were Named After Saints (2013) Brianna Torres 11.044 dólares recaudados (94 patrocinadores en Kickstarter)
El Caballo (2021) Lilo Vilaplana 50.000 (donaciones, aportes privados)
El Súper (1979) León Ichaso y Orlando Jiménez Cifra no publicada (recursos limitados y familiares)
Azúcar amarga (1996) León Ichaso Cifra no publicada
Guaguasí (1983) Jorge Ulla Cifra no publicada

Esa mentalidad todavía pesa sobre los creadores. Muchas personas desean ver historias cubanas alejadas de la propaganda oficial, pero pocas están dispuestas a pagar por ellas. Se exige calidad, valentía y constancia a los artistas independientes, aunque no siempre se reconoce que cada producción necesita recursos.

No podemos reclamar nuevas películas mientras esperamos que sus responsables trabajen gratis o arriesguen indefinidamente su patrimonio personal.

El caso de El Caballo, película de Lilo Vilaplana, expone esta contradicción. Vilaplana cuenta con una trayectoria que incluye series comerciales y numerosas producciones independientes. Su filme estuvo disponible inicialmente en una plataforma de pago, pero la respuesta del público fue limitada. Cuando la obra llegó gratuitamente a YouTube, el panorama cambió: en apenas una semana superó las 204.300 visualizaciones.

Película Plantadas
‘Plantadas’ (2023) solo fue posible gracias a esfuerzos personales de sus productores, artistas y patrocinadores. (Foto © Lilo Vilaplana – Facebook)

La cifra confirma que existe interés por el cine cubano. Sin embargo, también obliga a formular una pregunta incómoda: ¿qué habría ocurrido si una parte de esos espectadores hubiera aportado dos dólares? Si apenas 20.000 personas hubieran realizado esa contribución, la producción habría recibido 40.000 dólares para financiar otro proyecto, cubrir gastos pendientes o impulsar su distribución.

Una visualización demuestra interés, pero una aportación económica demuestra compromiso. Compartir un enlace ayuda a ampliar el alcance de una película, aunque no paga una jornada de rodaje ni permite contratar a un editor. El respaldo simbólico es valioso, pero resulta insuficiente cuando los creadores deben convertir una idea en una obra profesional.

El cine independiente se financia de distintas maneras en numerosos países. Entre ellas están el micro mecenazgo, las donaciones individuales, las membresías mensuales, la preventa digital, las funciones pagadas y los aportes de productores privados. También existen fondos culturales, becas, festivales, fundaciones, universidades y organizaciones dedicadas a preservar la memoria histórica o defender los derechos humanos.

Grabación de Plantados. (Foto: Ricardo Becerra)
Los actores Frank Egusquiza (izquierda) y Ricardo Becerra (centro), y el exprisionero político Ángel de Fana (derecha) en la producción de la película independiente ‘Plantados’. (Foto: Ricardo Becerra)

La diáspora cubana puede desempeñar un papel decisivo. Empresarios, organizaciones comunitarias y ciudadanos interesados en conservar la memoria nacional podrían patrocinar producciones concretas. Ese apoyo puede adoptar la forma de una donación, una inversión, la compra anticipada de entradas o el financiamiento de partidas específicas, como el vestuario, la posproducción o los subtítulos.

También pueden impulsarse clubes de espectadores, suscripciones anuales y campañas de pequeños aportes recurrentes. No todos están en condiciones de donar grandes cantidades, pero una comunidad amplia que contribuya con cinco o diez dólares al mes puede sostener una producción. Las exhibiciones especiales en Miami, Madrid, Tampa, Nueva Jersey y otras ciudades con presencia cubana permitirían, además, recaudar fondos y conectar directamente a los realizadores con su público.

Las empresas privadas también tienen espacio en este modelo. Un negocio puede financiar una función, cubrir parte de la promoción o aparecer en los créditos como patrocinador. Estas alianzas deben mantener reglas transparentes para evitar que el respaldo económico termine condicionando el contenido. La finalidad es proteger la libertad del creador, no sustituir la censura estatal por la influencia de intereses privados.

“Hacer cine independiente es especialmente importante para el exilio cubano porque nos permite contar el otro lado de nuestra historia: las voces, las experiencias y las heridas que durante décadas han sido silenciadas o distorsionadas por el castrismo. Es preservar la memoria, dar voz a quienes no pudieron contar su verdad y dejar un testimonio para las nuevas generaciones, porque una historia no está completa cuando solo se cuenta una versión”, declaró a Periódico Cubano el director y productor de cine independiente Lilo Vilaplana.

Lilo Vilaplana director y productor de cine independiente
“Hacer cine independiente es especialmente importante para el exilio cubano porque nos permite contar el otro lado de nuestra historia”. (Foto © Cortesía de Lilo Vilaplana)

Los propios cineastas, por su parte, deben ofrecer mecanismos confiables para recibir contribuciones y explicar cómo utilizarán los recursos. La transparencia genera confianza. Informar cuánto cuesta el proyecto, qué etapas están cubiertas y qué recibirá el colaborador puede transformar a un espectador ocasional en integrante activo de una comunidad cultural.

Este tipo de financiamiento también permite abordar temas que el aparato oficial cubano ha intentado borrar, tergiversar o silenciar. Las UMAP, la represión política, el presidio, los actos de repudio, el exilio, las separaciones familiares y la memoria de varias generaciones necesitan ser contados desde perspectivas libres del control gubernamental. Esperar que el mismo Estado responsable de la censura financie esas historias sería una contradicción.

Sostener el cine independiente cubano significa mucho más que pagar por entretenimiento. Es contribuir a la preservación de testimonios que podrían desaparecer, respaldar a quienes desafían la versión oficial y garantizar que las nuevas generaciones conozcan episodios excluidos de los medios controlados por el Partido Comunista.

La pregunta, por tanto, no es solamente quién sostiene al cine independiente cubano, sino quién está dispuesto a asumir esa responsabilidad. Si queremos películas libres del control estatal, debemos ayudar a construir su independencia económica.

El talento ya existe y las historias esperan ser contadas. Lo que falta es una audiencia consciente de que pagar por una película, participar en una campaña o respaldar a un creador puede hacer posible la próxima obra.

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