
Mientras el diario oficialista Granma celebra que La Habana “avanza hacia un modelo de ciudad inteligente y sostenible”, la realidad que viven sus habitantes es diametralmente opuesta. En la capital cubana, no se recoge la mayor parte de la basura, el transporte escasea, la electricidad y el agua son bienes escasos y la crisis sanitaria golpea a familias enteras.
Miles de habaneros deben recurrir a métodos arcaicos para cocinar, alumbrarse o conseguir alimentos. Ante este panorama, hablar de “una ciudad sostenible e inteligente” suena, cuando menos, a una nueva burla.
El régimen, a través de su prensa oficial, insiste en presentar La Habana como ejemplo de modernidad digital, con “autoservicios digitales” y “la aplicación de técnicas de Inteligencia Artificial”. Sin embargo, las calles siguen sumidas en la oscuridad, los edificios se derrumban, los hospitales carecen de medicinas y los ciudadanos sobreviven sin los servicios más básicos.
El contraste entre el discurso triunfalista y la vida cotidiana no podría ser mayor: mientras se anuncian proyectos de “iluminación pública inteligente”, los barrios permanecen a oscuras; mientras se habla de “pagos en línea y turismo inclusivo”, el pueblo lucha por conseguir un pedazo de pan. ¿De qué desarrollo se habla cuando la ciudad apenas puede sostener la vida de sus propios habitantes?
El periodista independiente cubano José Raúl Gallego cataloga la publicación como un “chiste”, pero advierte que detrás se esconde “una estrategia para seguir chupando recursos a organismos internacionales y la Unión Europea que destinan dinero e infraestructura a estos proyectos, que luego muestran como resultados un código QR en una pared y un power point, mientras el país se sigue cayendo a pedazos y su gente muriendo”.
Como parte de la desfachatez habitual del discurso oficialista, Granma sostiene que “Cuba, con su creciente apuesta por la innovación tecnológica, transita por este camino” del desarrollo sostenible, pese a que cada día el país retrocede más.
La basura se acumula ante los ojos del propio gobierno sin que tomen medidas, pese a la actual crisis epidemiológica por el mosquito Aedes aegypti. Vecinos de La Habana Vieja denunciaron un basurero con aguas estancadas frente al Tribunal Supremo Popular.
Las imágenes enviadas a Periódico Cubano muestran acumulación de desechos y charcos que permanecen sin recoger. Según la vecina que denunció la situación, el problema persiste desde hace días y afecta a edificios públicos, centros educativos y viviendas.