
Diez aeropuertos internacionales de Cuba continuarán sin disponibilidad de combustible para repostar aviones hasta el próximo 1 de noviembre de 2026, según los avisos aeronáuticos vigentes.
La restricción afecta a las terminales de La Habana, Varadero, Cienfuegos, Santa Clara, Camagüey, Cayo Coco, Holguín, Santiago de Cuba, Manzanillo y Cayo Largo, y mantiene bajo presión las conexiones aéreas de la Isla. Los avisos oficiales fijan el vencimiento a las 04:00 am del 1 de noviembre.
La medida se refiere al Jet A-1, el combustible utilizado por la aviación comercial. No significa que los aeropuertos estén cerrados ni que todos los vuelos deban cancelarse, pero obliga a las compañías a reorganizar sus operaciones.
Algunas pueden cargar combustible suficiente en el aeropuerto de origen para completar el viaje de ida y vuelta; otras necesitan hacer escalas técnicas en terceros países.
El problema se arrastra desde febrero, cuando las autoridades aeronáuticas comenzaron a informar de la falta de combustible en nueve aeropuertos. En septiembre se incorporó Cayo Largo y la lista llegó a diez terminales.
Las sucesivas prórrogas prolongaron una situación que ha llevado a distintas aerolíneas a suspender rutas, reducir frecuencias o modificar itinerarios. El vencimiento de los avisos tampoco garantiza que el suministro se restablezca: para confirmarlo, las autoridades tendrían que publicar información actualizada.
Entre las compañías afectadas figura Air Canada, que suspendió definitivamente sus vuelos a Cuba y organizó operaciones para trasladar de regreso a unos 3.000 pasajeros. Iberia también suspendió su ruta directa entre Madrid y La Habana y extendió la medida hasta junio de 2027.
Otras aerolíneas han recurrido a escalas de abastecimiento fuera de la Isla. Air Europa, por ejemplo, ha utilizado Santo Domingo para repostar en determinados vuelos entre La Habana y Madrid.
La escasez de combustible de aviación forma parte de una crisis energética mucho más amplia, marcada por los apagones, las dificultades del transporte y el deterioro de la infraestructura.
Las sanciones estadounidenses añaden obstáculos al acceso de Cuba a determinados proveedores, transacciones financieras y suministros energéticos. La presión de Washington sobre los envíos de petróleo también ha agravado el abastecimiento, si bien el país se ha convertido en el principal proveedor de este recurso para Cuba.
Décadas de inversión insuficiente, el envejecimiento de las instalaciones y los problemas de gestión han debilitado la capacidad del país para mantener sus sistemas energéticos y reducir su dependencia de las importaciones.
El Gobierno cubano tiene responsabilidad en esas decisiones y en la falta de resultados que afecta a la población, pese a que se la pasa culpando a las restricciones estadounidenses de los fallos en su economía.
El impacto no se limita a las aerolíneas. Menos conexiones y rutas más largas pueden encarecer los viajes, complicar las conexiones de pasajeros y perjudicar al turismo, una fuente importante de divisas para el país. También afectan a los cubanos que viajan por motivos familiares, laborales o migratorios.
Por ahora, los avisos establecen una fecha límite, no una solución. Mientras las autoridades cubanas no confirmen que el suministro se ha normalizado, la disponibilidad de Jet A-1 seguirá siendo una incertidumbre para las compañías que operan en la Isla.