
La crisis energética en Cuba ha alcanzado niveles críticos, dejando sin electricidad a más del 50% del territorio. El déficit de energía llegó al récord de más de 1.800 MW durante varias jornadas de la semana pasada. El ingeniero nuclear José Antonio Pérez Capote explicó la verdadera razón de la crisis energética.
Durante una reciente entrevista en la televisora América Teve explicó que el sistema eléctrico se debe a décadas de desinversión, mantenimiento deficiente y una infraestructura obsoleta. Nada tiene que ver las sanciones del gobierno de EEUU tal y como esgrimen en el discurso oficial.
El especialista advirtió que el sistema eléctrico cubano funciona sin reservas de energía. Cualquier falla en una planta genera un efecto en cadena que puede dejar sin electricidad a todo el país. Las protecciones automáticas intentan aislar las zonas afectadas, pero la antigüedad de las infraestructuras impide una respuesta efectiva, provocando apagones generalizados.
Cuba depende de un sistema interconectado que debería permitir la redistribución de energía entre provincias. Sin embargo, la precariedad de las instalaciones impide que esto funcione correctamente, agravando la crisis.
En los años 80, el sistema contaba con plantas de reserva que ayudaban a estabilizar la frecuencia y prevenir apagones. Con la crisis económica de los 90, el gobierno decidió utilizar crudo nacional de baja calidad y alto contenido de azufre, lo que ha generado corrosión en las calderas y elevado los costos de mantenimiento.
La falta de repuestos y el deterioro acumulado han reducido drásticamente la eficiencia de las plantas. Antes se requerían 100 toneladas de combustible para generar cierta cantidad de electricidad; ahora, se necesitan 120, encareciendo aún más la producción energética.

Los cortes de electricidad se han extendido por toda la Isla, afectando sectores clave como la educación y el empleo. El gobierno cubano ha ordenado la suspensión de actividades laborales y docentes ante la imposibilidad de garantizar el servicio eléctrico.
A corto plazo, el régimen comunista apuesta por la llegada de combustible extranjero para mantener operativas sus plantas, pero los costos son elevados. Un barco ruso con suministro de diésel ha sido anunciado como solución inmediata, aunque los generadores de emergencia son ineficientes y costosos. Rusia también ha ofrecido dos millones de dólares para piezas de repuesto.
A largo plazo, la única salida es una inversión millonaria para la construcción de nuevas centrales eléctricas, un proceso que tomaría al menos dos años por planta. Sin financiamiento ni planificación, la crisis parece lejos de resolverse.
Los constantes cortes de electricidad deterioran aún más la infraestructura eléctrica. Equipos como interruptores y transformadores tienen una vida útil limitada, que se acorta con cada apagón. Pérez Capote comparó la situación con una llanta llena de agujeros: cada nueva falla hace que sea más difícil sostener el sistema.
Además, las reparaciones improvisadas disminuyen la eficiencia de las plantas, obligando a un mayor consumo de combustible para generar la misma cantidad de electricidad. Si esta tendencia continúa, el sistema podría colapsar por completo.
Por su parte, desde la propaganda oficial se atribuye el deterioro del sistema eléctrico al embargo estadounidense, argumentando que impide la compra de repuestos. Sin embargo, Pérez Capote desmintió esta justificación. La mayoría de las plantas en Cuba son de origen soviético, checoslovaco, francés y japonés, lo que demuestra que las restricciones de EEUU no son la causa principal del colapso.

