
La sustracción de aceite dieléctrico de un transformador dejó afectado el servicio de Medicina Molecular en Santiago de Cuba y obligó a trasladar hasta Granma muestras de un paciente grave que necesitaba análisis urgentes. El robo ocurrió durante la madrugada y volvió a exponer la escasa protección de instalaciones esenciales frente a delitos que ya tienen antecedentes en la provincia.
La Empresa Eléctrica Santiago de Cuba informó que desconocidos extrajeron el aceite del equipo encargado de alimentar eléctricamente la instalación. El transformador quedó comprometido y el servicio médico perdió la capacidad de realizar determinados estudios.
Un robo terminó afectando a un paciente grave
Las consecuencias fueron más allá de la avería. Horas después, un paciente en estado grave necesitó pruebas con carácter urgente. Como las muestras no podían procesarse en Santiago, fue necesario enviarlas a la vecina provincia de Granma.
El traslado obligó a utilizar transporte, combustible y personal, pero el principal problema fue el tiempo. En un caso que requería rapidez diagnóstica, una falla provocada por un robo añadió kilómetros y demora a un procedimiento médico que normalmente debía resolverse en Santiago.
La información oficial no precisó cuánto tiempo tardaron las muestras en llegar, cuándo estuvieron disponibles los resultados ni qué consecuencias tuvo la demora para el paciente.
La seguridad de una instalación esencial queda en duda
El aceite dieléctrico es indispensable para refrigerar, aislar y mantener funcionando de forma segura un transformador. Su extracción puede inutilizar el equipo y cortar el suministro a las instalaciones que dependen de él.
El responsable directo del delito es quien sustrajo el material. Sin embargo, el episodio deja otra pregunta que las autoridades deben responder: cómo un transformador del que depende un servicio médico especializado pudo quedar suficientemente expuesto para que su manipulación terminara afectando la atención de un paciente grave.
La vulnerabilidad resulta más difícil de justificar porque los robos de aceite dieléctrico no son nuevos en Santiago de Cuba. Desde 2024 se han reportado casos en Contramaestre, Palma Soriano y San Luis. En la subestación de Paquito Rosales fueron sustraídos alrededor de 300 litros y unas 17.000 personas quedaron afectadas.
Un riesgo conocido que llegó hasta el sistema sanitario
Esos antecedentes muestran que el peligro era conocido. Cuando existen robos reiterados contra transformadores, la protección de equipos que abastecen hospitales, laboratorios, sistemas de bombeo y otros servicios estratégicos debería recibir una vigilancia reforzada.
El hecho ocurrido en Medicina Molecular demuestra que el costo de estos delitos no se limita al aceite perdido ni a la reparación de un transformador. En una Cuba marcada por la crisis energética, la escasez de recursos y el deterioro de la infraestructura, una instalación médica puede terminar dependiendo de trasladar muestras entre provincias porque un equipo crítico no estuvo protegido.
El robo tiene autores que deben responder ante la ley. Pero también deja al descubierto una falla institucional: cuando un antecedente se repite durante años y finalmente compromete un diagnóstico urgente, ya no basta con condenar al ladrón. También corresponde explicar por qué una infraestructura vinculada a la salud seguía siendo vulnerable.