
Rusia podría reclutar hasta 25.000 cubanos para combatir en Ucrania, según funcionarios ucranianos que informaron al Congreso de Estados Unidos el 19 de septiembre. La captación se realizaría con contratos y salarios de alrededor de 2.000 dólares al mes, muy por encima del promedio salarial en la Isla.
De acuerdo con un extenso artículo publicado en la revista Forbes, el objetivo sería cubrir bajas récord y reducir costos políticos internos en Rusia, mientras La Habana niega participación directa. Analistas consultados señalan que la escala del proceso sugiere, como mínimo, tolerancia oficial en Cuba.
La inteligencia británica estima más de un millón de bajas rusas en la guerra, un escenario que empuja al Kremlin a buscar mano de obra en África, América Latina y Asia Central. Andriy Yusov, de la inteligencia militar ucraniana, afirmó que para Moscú “es beneficioso atraer mercenarios extranjeros”: si mueren, no hay compensaciones sociales ni presión de familiares rusos. La lógica es cínica y reduce el costo político para el régimen de Vladímir Putin.
¿Qué se sabe del reclutamiento de cubanos?
La diputada ucraniana Oleksandra Ustinova sostuvo que Rusia ya habría reclutado unos 20.000 cubanos; más de 1.000 estarían en el frente y, según dijo, al menos 40 habrían muerto. Asegura que poseen pasaportes como prueba.
Para Kiev, el envío de cubanos y norcoreanos es un gesto político que exhibe alianzas autoritarias más que una prueba de falta absoluta de tropa rusa.
La motivación económica para muchos cubanos es clara. Con un salario promedio en la isla cercano a 20 dólares y apagones, escasez de alimentos y medicinas, la oferta rusa resulta irresistible. Expertos subrayan que el dinero que llegue a hogares cubanos —o a viudas en caso de muerte— alivia una crisis que el propio régimen provocó y no soluciona, mientras capitaliza políticamente el envío de su gente a una guerra ajena.
Académicos consultados señalan que el Gobierno cubano podría buscar “credenciales revolucionarias” alineándose con Moscú y desafiando a Washington. Una comunicación del Departamento de Estado del 2 de octubre, revelada por Reuters, instruyó a misiones de EEUU a presionar contra la resolución anual sobre Cuba en la ONU, citando la evaluación de que entre 1.000 y 5.000 cubanos ya pelean en Ucrania. La Habana lo niega, pero no explica el flujo de contratos ni el tránsito de reclutas.
Andrey Kartapolov, head of the Russian State Duma’s defense committee, basically confirms that Russia has plans for the participation of 25,000 Cubans in Russia’s war against Ukraine:
“…can’t forbid a true Cuban patriot from loving Russia. We’ve been to Cuba many times, and… https://t.co/hfdKA7JZj9 pic.twitter.com/PiTafxfkit
— Anton Gerashchenko (@Gerashchenko_en) October 9, 2025
El fenómeno trasciende Cuba. Investigaciones de 2024 y 2025 revelaron que miles de africanos y asiáticos fueron cooptados por Rusia mediante presiones migratorias, engaños laborales o amenazas de deportación. Algunos llegaron con promesas de fábricas o cocinas; terminaron en la línea de fuego tras una semana de entrenamiento. El patrón muestra un sistema que “terceriza” la guerra y degrada derechos básicos.
Este reclutamiento se integra a un eje militar y tecnológico que vincula a Rusia con Corea del Norte, Irán, Venezuela y ahora Cuba. Expertos advierten de posibles transferencias de tecnología, incluida la relacionada con misiles y capacidades nucleares norcoreanas. En Ucrania, la rotación de unidades extranjeras funciona como una “academia” de combate moderno: guerra de drones, interferencia electrónica, tácticas de asalto y adaptación rápida.
El riesgo no es solo cuántos extranjeros combaten, sino qué aprenden y exportan. Analistas temen que esa experiencia se traslade luego a conflictos en Europa, América Latina y Asia. Para Rusia, usar extranjeros minimiza el desgaste social interno; para sus socios, es acceso a entrenamiento real en el mayor laboratorio bélico contemporáneo.
Para Cuba, el costo humano y reputacional crece. Si se confirma la magnitud del reclutamiento, la isla quedaría como proveedora de carne de cañón en una guerra que no le pertenece, mientras su población huye de la pobreza y el apagón permanente.
En el terreno, Ucrania advierte que, pese a sus propios desafíos de personal, el flujo de combatientes extranjeros pro-Rusia aumenta la presión. Moscú, por su parte, conscriptó recientemente a 130.000 hombres, pero mantiene la apuesta por contingentes aliados para sostener ofensivas y reducir el impacto doméstico de las bajas.